viernes, 22 de febrero de 2013

LA JUNGLA: UN BUEN DÍA PARA MORIR (2013)

Quinto y desmerecedor abrazo cinematográfico a la rentable saga "Die Hard" (conocida aquí como "Jungla de Cristal" simplemente por el edificio Nakatomi de la primera parte), que lejos de ser casual, coincide con el vigésimo quinto aniversario de la franquicia y pretende acabar de exprimir lo que aún queda del socarrón policía de Nueva York.
Hasta la fecha, el filón protagonizado por Bruce Willis ha sufrido altibajos de cierta consideración, pero ha conseguido mantener el tipo durante más de 2 décadas, tanto en taquilla como ante la crítica.
Ya en 2013, y en retrospectiva, vemos como sus entregas impares resultaron las más destacables (con un inicio que marcó época y una notable tercera parte a ritmo de videojuego), y no como sus pares, que sin duda fueron las más discretas....hasta ahora.
En este quinto (¿y último?) (re)encuentro, acompañaremos a John McClane/Bruce Willis (ya no sabemos la diferencia) hasta Rusia, donde su hijo, un agente encubierto de la CIA, lleva trabajando durante los últimos 3 años en un caso de alto secreto. Éste, anda liado con importantes personalidades del país soviético, pero se topará con su padre en mitad de una misión, a priori, sin fisuras. Así, John McClane Jr. (Jai Courtney, visto en "Spartacus: Sangre y Arena") deberá cambiar su plan y afrontar su peligrosa misión acompañado de su viejo padre, al cual no quiere ver ni en pintura.
Una vez degustado, digerido y centrifugado el filme como se merece, caeremos en la cuenta de que la fórmula, por mucho que la adornen con efectos actuales, definitivamente ha expirado. Ya nada es lo mismo.....¿o sí?
Pese a la unánime sensación de secuela-fracaso, "La Jungla: Un buen día para morir" continúa siendo una jugada industrial del todo rentable (ya se oye el frotar de manos en la 20th Century Fox), amenazándonos a todos con una posible (e indeseable) sexta aventura de tiros, explosiones y cosas destruidas.



Porque lo que ofrece esta nueva entrega es, simplemente, una sobredosis de acción directa por vena, algunos chistes propios del héroe (que funcionan con cuentagotas), los típicos chicos malos con metralletas y helicópteros vestidos de negro, todos desubicados, y moviéndose al son de una serenata propia de un telefilm a lo Mario Van Peebles una madrugada de sábado.
El supuesto "gancho" juvenil de situar a la estrella de la función junto a su hijo (como también sucedió con la 4ª de Indiana Jones) ni nos atrae, ni mucho menos se debería aplaudir. El pequeño de los McClane resulta aquí un personaje antipático, insustancial y muy mal actuado (Jai Courtney no construye bien su rol, dándole poco o nada dramatismo al entuerto cuando es necesario, y casi diría que estorbando la función en sí misma).
Lamentablemente, lo mismo ocurre con el resto del reparto, que aparece sin dejar huella ni señas de identidad propia en el espectador no neófito, que se resiste a creer esas interminables desdichas "ocasionales" del justiciero yanki (además, sucede eso tan curioso de las películas que los extranjeros hablan entre ellos, pasados los minutos, en el idioma de Shakespeare).
Pero si alguien tiene la culpa de todo, ese es el director de orquesta, el inefable John Moore. Con tan sólo un vistazo rápido a sus credenciales básicas (televisión de segunda fila, remakes, secuelas, encargos desechables, etc...) y dos dedos de frente, quedaba claro que esto le venía grande.
El supuesto cineasta hace un uso pésimo del ya olvidado "zoom rápido", mueve la cámara con nerviosismo amateur y denota un dudoso sentido del encuadre (¿pero cuantas veces se sale de campo?), lo que enfada, irrita y finalmente aturde a cualquiera que pretenda meterse en la película.
El archipresente filtro gris-frío del metraje (claro, estamos en Rusia...) es una mala decisión, pues le resta mucha personalidad al producto y frena su efecto visual (que sin duda, es su mejor baza).
Tampoco sirve desenpolvar el antiguo desastre de Chernóbyl, usar tópicos irresponsables (como reducir al ciudadano ruso a taxistas tontainas o a criminales de polipiel) o destrozar más coches que en cualquier otra película que yo recuerde (llega a ser agotador el ruido de los accidentes), ya que son todos claros síntomas de un film apabullado en su realización, mediocre en su composición e inmerecido para la saga.


Por contra, y recuperando el aliento siempre positivo que creo me caracteriza, diré a su favor que contiene un par de secuencias brillantes, ambas conseguidas gracias a las cámaras de super alta velocidad (esa caída de McClane soltándose del helicóptero y rompiendo la cristalera o algunas espectaculares tomas de carretera); incluso creo que el veterano Bruce Willis sigue a la altura de las circunstancias, conservando su mirada esquiva, su arrogancia gestual y llevando la camiseta blanca ensangrentada igual de bien que hace 25 años.
Resumiendo, la quinta entrega de "La Jungla" (sí, hoy es un buen día para que que la franquicia muera, como bien alerta su título) se parece mucho a cualquier artefacto millonario de una industria Hollywoodiense que copia y pega los mismos trucos sin descanso, pero que entretiene y satisface al insaciable espectador que paga gustosamente en taquilla por su dosis. En fin, como bien escribiría nuestro gran admirado Carlos Aguilar "...una secuela ramplona únicamente para los ya convencidos o completistas de la masculina saga".

lunes, 18 de febrero de 2013

KON-TIKI (2012)

A medida que cumplimos años, la mayoría de nosotros sentimos la inevitable, dramática y determinante llamada de "la responsabilidad". Un peculiar trastorno del ser humano que nos empuja a dejar atrás nuestra adorada infancia (y con ella nuestro espíritu más aventurero) para despertarnos sin paracaídas ante un mundo nuevo, el del adulto responsable.
Entonces descubrimos que todo ha cambiado, ya no hay redes que soporten nuestro peso ni columpios que nos sostengan, y nos invade la irremediable sensación de que el peligro nos acecha en todas las esquinas, de que somos vulnerables. Así pues, riesgo deja de ser sólo una palabra perdida del diccionario para formar parte de nuestra manera de entender la vida, volviéndonos cada vez más prudentes.
El caso del científico noruego Thor Heyerdahl (1914-2002) fue la excepción que confirmó esta regla. La gesta que el escandinavo realizara en 1947 es todo un ejemplo aislado de valentía adulta, una hazaña tan arriesgada, irresponsable y temeraria que sólo puede entenderse desde una perspectiva juvenil, casi infantil.
Heyerdahl sostenía la hipótesis de que los habitantes de la Polinesia (donde él vivió durante una década) eran descendientes directos de los habitantes del Este (Suramérica), y no del Oeste (Asia) como todos creían. Sus años de estudios basados en las corrientes, los vientos y las mareas, más una fuerte fe al Dios Maorí "Tiki", empujaron a nuestro aventurero nórdico a una locura sin parangón.
Cansado de que nadie prestara atención a sus estudios, puso rumbo a Perú, agrupó a un equipo de cinco valientes (entre ellos, un cámara de cine) y juntos trabajaron para construir su propia balsa, únicamente con materiales autóctonos y que fueran propios de hace 1500 años.
Su intención era demostrar que, tan sólo con la ayuda de las mareas y los vientos del Pacífico, serían capaces de atravesar el imprevisible océano (más de 100 días para recorrer los 8000 kilómetros entre ambos puntos) para llegar hasta las islas Polinesas, tal y como sus estudios indicaban, confirmando así que los sudamericanos podrían haber sido los primeros colonizadores de aquellas lejanas islas.
Dicha heroicidad, bautizada como "Kon-Tiki", acabó siendo galardonada con el Oscar de la Academia de las Artes y las Ciencias cinematográficas al mejor documental en 1951, convirtiéndose de esta manera en el primer film noruego en obtener dicho premio.
65 años después y ahora bajo la batuta de Joachim Ronning y Espen Sandberg (ambos noruegos), el "Kon-Tiki" vuelve a la mar, plasmando con mayor detalle las consecuencias del viaje más importante en la vida de Thor Heyerdahl.
El filme, que en ningún momento busca reivindicar el éxito del científico ni recrearse en la angustia que la travesía pudo causar al equipo (sería excesivo llamarlo tripulación), aboga por un estilo narrativo claro y firme, sin artificios de ningún tipo ni excesos efectistas, y plasmando tamaña acción marina sin apostillarla lo más mínimo.



Renqueante en lo que a profundidad de personajes se refiere (no ahonda lo suficiente en el equipo de Thor como hubiese podido), con interpretaciones poco más que correctas (como era de prever dada la frialdad nórdica) y salpicada de tímidos pero efectivos recursos CGI, el film sin embargo puede enorgullecerse de desprender un estimulante halo filántropo capaz de traspasar nuestra retina y llegar a nuestras consciencias.
Asistiremos a ver como la película avanza con discreción escandinava (sutileza de cámara, equilibrio técnico y artístico, frialdad narrativa..) casi como si de otro documental se tratase, para luego regalarnos una espléndida segunda mitad repleta de significado humanista, del reencuentro del ser humano con la Naturaleza siendo esclavo de su condición, y no al contrario.


Al mismo tiempo, y durante la dura travesía oceánica, seremos testigos de una de las mejores elipsis que el cine pueda ofrecer. Los seis hombres a su suerte, tumbados en círculo y mirando al cielo, serán la primera imagen de un fabuloso plano secuencial que nos llevará desde el más mínimo detalle de sus crecidas barbas hasta la mismísima exosfera, volviendo de nuevo al punto de origen en un bello y sinuoso movimiento elíptico capaz de explicar por sí mismo, el paso del tiempo.
Todo un ejercicio de humildad hacía la figura del ser humano que, como una presencia insignificante en la inmensidad del universo, se descubre del todo vulnerable, como el adulto que todos llevamos dentro.

sábado, 16 de febrero de 2013

LA HUMANIDAD EN PELIGRO (THEM!) (1954)

Resulta interesante a medida que uno va cumpliendo años y va teniendo un bagaje cada vez mayor de películas, descubrir referentes que influyeron en alguno de los directores que más me marcaron en mi juventud y que me hicieron disfrutar como pocas cosas la magia de ir al cine.
Quien tenga entre 30 y 40 años dificilmente ha escapado de la influencia de las obras de grandes realizadores como Steven Spielberg (E.T, La saga de Indiana Jones, Jurassic Park, La lista de Schindler, Tiburón, etc...) o James Cameron (Terminator I y II, Aliens el regreso, Abyss, etc...).
Por lo que no es extraño plantearse si al pasar a estar ellos detrás de las cámaras, su obra se ha visto de alguna forma influenciada por las películas que más disfrutaron en sus años mozos.
La película de la que vamos a hablar un poco hoy, al menos nos deja algunas respuestas en cuanto a la persona de James Cameron, fantástico director nacido en 1954, curiosamente el mismo en que llegó a los cines La humanidad en peligro. Seguramente debió verla en alguna reposición en televisión o en uno de los cines de barrio a lo largo de su juventud, pero lo que no podemos negar es que algo quedó profundamente grabado en su retina, para que en 1986 al aceptar rodar la secuela de Alien (1978), le rindiera un más que identificable homenaje en la mayor parte de su trama. Pero hablemos un poco del original que ya tendremos tiempo de realizar las comparaciones de turno después.
La pequeña en pleno desierto...
Them! la podemos enmarcar dentro del subgénero de la ciencia ficción de los años 50 que nos presentaba los efectos colaterales del uso incontrolado de la energía atómica, merced de toda una serie de criaturas gigantescas mutadas por la radiación como norma general. Como por ejemplo el dinosaurio que despertaba tras un ensayo nuclear en El monstruo de los tiempos remotos (1953) o el alubión de entregas desde Japón del mítico Godzilla. En esta producción se eligió partir de unas criaturas que en su estado natural no suponía ninguna amenaza para el hombre: simples hormigas, para poner de manifiesto las posibles consecuencias de la radiación. El consiguiente éxito que tuvo, suscitó una explotación del filón donde la humanidad se enfrentaba a insectos de enormes dimensiones, con títulos como: Tarántula (1955) o La araña (1958). Y si me permitís, me atrevería a decir que la más moderna Starship Troopers (1997) no deja de ser lo mismo pero en el espacio.

Inspeccionando el interior de la caravana destruida...
La historia está basada en un relato de George Worthing Yates, guionista americano que en la década de los 40 escribió relatos de cine negro e intriga principialmente, pero que con la llegada de los años 50 y con el consiguiente auge de la ciencia ficción, no dudó en subirse al carro de las nuevas modas y le tenemos que atribuir un buen puñado de obras de género como Them! (1954), La conquista del espacio (1955), Surgió del fondo del mar (1955), La tierra contra los platillos volantes (1956) o La araña (1958), por enumerar algunas de ellas.
El elegido de trasladarla a la gran pantalla fue Gordon Douglas, un trotamundos de la dirección que a lo largo de su carrera supo adaptarse a todo tipo de encargos que fueron pasando por sus manos, llegando a rodar casi un centenar de obras, tocando los más variados géneros. Desde el cine de aventuras, westerns, musicales, cine negro, donde destacan La gran amenaza (1948) y Corazón de hielo (1950) con el gran James Cagney en uno más de sus papeles de despiadado gángster; adentrándose también en la ciencia ficción en la cinta que hoy pasamos a comentar.

Y por fin, el causante de todo se muestra...
La película arranca en pleno desierto de Nuevo México, donde la aparición de una niña en estado de shock vagando sin rumbo es solo el primero de algunos hechos misteriosos que rompen la tranquilidad del lugar. La caravana destruida de los padres de la pequeña y su desaparición, un negocio de carretera arrasado y su dueño cruelmente asesinado o la aparición de una extraña huella, serán pruebas con las que se deberá enfrentar la desconcertada policía de la zona. Incapaces de entender qué está pasando allí, solo gracias a la posterior participación del FBI y la colaboración del Dr. Metford (eminente experto en el interesantísimo campo de las hormigas) lograrán traer algo de luz al caso. Descubriendo éste que tras las pruebas nucleares realizadas en dicho desierto años atrás, las hormigas de la zona han mutado para convertirse en gigantescas criaturas que amenazan, en caso de reproducirse y crear nuevas colonias, a la mismísima humanidad.

Abriéndose paso dentro del hormiguero...
Quemadlo todo... sobre todo los huevos...
El film funciona desde el primer momento gracias a su mejor baza: una excelente ambientación y el saber crear una tensa atmósfera. Destacando estos atributos principalmente en su primera media hora, la mejor parte, donde asistimos a las labores de investigación por parte de la policía en pleno desierto como si de unos casos de asalto, desaparición y asesinato se trataran. De esta forma les vemos analizar las pistas que van apareciendo en las distintas escenas criminales (caravanas destrozadas desde su interior, azúcar desparramado por el suelo, extrañas huellas o la aparición en los análisis forenses de una de las víctimas de ácido fórmico en su cuerpo). Todo ello mientras esperan que la niña salga de su estado para poder averiguar si puede explicarles que ha pasado allí; para acabar con la entrada en el hormiguero. Un buen ejemplo de como sacarle el mejor partido posible a un ajustado presupuesto, dejando fuera de plano algunos ataques y jugando con buen tino la baza del sonido, siendo lo único que nos llegué de la escena, obligándonos así a dejar volar nuestra imaginación (y funciona...).


A pesar de ser una película que no contó con un gran presupuesto (es el típico producto de serie B de esos años), fue nominada al Oscar en el apartado de efectos especiales en 1954, demostrando la eficacia de las maquetas de las hormigas gigantes (hoy se las ve simplonas, pero simpáticas), así como los inquietantes efectos sonoros. Logrando crear siempre una tensa atmósfera tanto en el siempre amenazante desierto de Arizona como en los oscuros túneles bajo la ciudad.
La parte central del film es la más "aburrida" (a pesar de que está bien realizada y estructurada en todo momento, no digo lo contrario). Pero pasamos de la gran acción y geniales escenas en el interior del hormiguero del desierto a un continuo ir y venir a despachos, donde se plantea a las autoridades pertinentes los peligros potenciales de la situación; y una serie de interrogatorios de posibles testigos que han visto hormigas gigantes. Siendo unos minutos donde desgraciadamente no disfrutaremos de ningún tipo de acción destacable, más que seguirle el rastro a las reinas que escaparon del desierto.
Sin embargo, para los últimos minutos tendremos nuestra recompensa con la entrada en juego del ejército al nido de las hormigas en el subsuelo de la ciudad de Los Angeles y el consiguiente enfrentamiento final entre humanos y los insectos, regalándonos una serie de escenas que nos remitirán mucho al film de Cameron, como he comentado antes.

El ejército contra las hormigas soldado en el subsuelo de Los Angeles...
Hay multitud de guiños a lo largo del film, empezando por la pequeña que anda perdida por el desierto agarrada a su muñeca rota, que en Aliens sería la hija de los colonos: Newt. Compartiendo con ella, el estado de shock en que está sumida y ser la única que conoce la verdad de la amenaza a que se enfrentan.
La entrada de las tropas al nido armados con lanzallamas, su búsqueda de la reina, la escena donde queman los huevos de la colonia, las escenas donde el Dr. Metford trata de convencer a las autoridades del peligro real podríamos buscarle su paralelismo con el desesperado intento de la teniente Ripley de hacer ver a los responsables que la han rescatado de su letargo espacial, del peligro que corren los colonos. Y así seguiríamos con más detalles del especial "homenaje" que Cameron rindió a Them!.
Se trata de una obra muy disfrutable, que hará las delicias de los amantes del cine clásico de ciencia ficción, que además cuenta con unas actuaciones bastante decentes. Por encontrarle algún pero, destacaría principalmente una falta de coherencia en el paso del tiempo entre varios hechos del film, con unos saltos de meses que creo que no quedan bien explicados, pudiendo dar lugar a cierta confusión. Por supuesto tenemos moraleja final anti-nuclear, intentado concienciar al público de los peligros de las pruebas nucleares. Pura serie B de los 50...

miércoles, 13 de febrero de 2013

LA TRAMA (2013)

En 1993, los gemelos Albert y Allen Hugues, también conocidos como "The Hugues Brothers", sorprendían a crítica y público con su espléndida ópera prima "Infierno en Los Ángeles" (Menace II Society). El film, se reveló como un duro, directo y comprometido manifiesto a la comunidad negra de entonces. Fuimos muchos los que, atraídos por tamaño paso al frente, seguíamos de cerca sus nuevas propuestas (pese a las distancias culturales que nos separaban, muchos puntos eran fácilmente aplicables a la vida de cualquiera de nosotros). El cine de los Hugues, con la opresión de la sociedad afroamericana casi siempre como leitmotiv, siguieron realizando films de menor resonancia, como la fallida "Dinero para Quemar" (Dead Presidents, 1995), la tangencial "Desde el Infierno" (From Hell, 2001) o la más reciente, "El Libro de Eli" (The Book of Eli, 2010), ascendiendo tímidamente en los círculos del gran business.
Sin embargo, sería el altercado de Allen con el controvertido rapero/actor Tupac Shakur lo que propiciaría que su nombre poblara los periódicos y le empañara una carrera en proceso de solidificación (Shakur sostenía que Allen Hugues no cumplió su promesa de un papel protagonista, llegando incluso a las manos).
En 2012, y con su hermano Albert afincado en la lejana República Checa (donde vive con su mujer de siempre y está inmerso en sus proyectos personales), Allen realiza su segundo film en solitario, la cinta de intriga política "La Trama" (Broken City).
Aquí, el ex-agente de polícia Billy Taggart (el también productor del film Mark Wahlberg) trata de salir adelante como puede haciendo las veces de detective privado, pero las deudas lo ahogan sin remedio y su mundo se tambalea.


Será la inesperada llamada del candidato a la alcaldía, el Mayor Hostletler (Russell Crowe), lo que le dará una oportunidad al desencantado Billy de saldar sus deudas y así salir del pozo económico en el que se encuentra.
Para su sorpresa, el encargo será confirmar una supuesta infidelidad de la mujer del político, la intrigante Cathleen (encarnada sin novedad por una Catherine Zeta-Jones que parece recién salida de un catálogo de cosméticos). Tras aceptar, Billy se verá envuelto en un sucio asunto político de interés nacional, con peces gordos implicados; además de ver como su matrimonio se desmorona, sus conocidos se vuelven sospechosos, el alcohol vuelve a su rutina y se acumulan las intrigas alrededor del caso.


No temáis, ya que como premio de consolación para el espectador ante tan manida "trama", diré en su defensa que tras salir de su visionado, el film de Hugues supera las expectativas iniciales (el olor que puede desprender el producto a primera vista no es del todo justo) y que, aún siendo una película de corte "industrial", se sostiene como una discreta mixtura entre un thriller con tintes del cine negro más de vanguardia y un telefilm de infidelidades al uso.
Personalmente sostengo que su principal error es de cásting. La estática interpretación de Wahlberg al personaje (ese tic de las cejas debería frenarlo más) encaja más en términos contractuales que por motivos artísticos, y la degradación del Billy en pantalla (para mí, un aspecto muy interesante del guión, lamentablemente mal explotada), no responde a su saludable y pétrea forma física.


En cambio, el Alcalde Hostletler sí encaja en la (cada vez más) ancha percha de Crowe, que se ajusta a la perfección a su alter ego fílmico y nos regala un político muy creíble a la par que evoca (de forma muy profesional), una interesante visión de un hombre inseguro, frustrado y embriagado de poder.
Obviando razones interpretativas, la película se deja ver sin bostezos pero desemboca en un punto que la desmerece. Su visión pesimista y decadente del protagonista principal es loable, buscando que se redima con una pulsión final algo moralista pero efectiva, y obsequiando al espectador con algunas secuencias destacables dentro de su metraje (la reunión en la terraza de Billy y Cathleen, el momento de formalizar el caso...). Aunque justamente, por flaquear en su segunda mitad, equilibra negativamente la balanza con escenas mucho menos acertadas, como cuando Billy consigue esa caja con documentación valiosa (¡¡atención a esta escenita totalmente suprimible!!), la relación con su mujer (una subtrama obligada pero disfuncional), el alcohol o incluso determinados personajes secundarios que no los echaríamos de menos si no estuvieran, por ser sutil.
Con todo, Broken City satisface nuestra sed de cine y se aleja bastante del siempre presente asunto de razas en la filmografía de Allen (aunque no faltarán, por supuesto, los ritmos hip-hop en la B.S.O).
Para terminar, también decir a su favor que cuenta con un sentido del humor bastante acertado, sobre todo en la relación de Billy con su guapa y desaprovechada secretaria, arrancando al espectador una sonrisa en media docena de ocasiones. Lo dicho, un film decente que trata de un tema muy serio con cierta ambigüedad moral (la política es corrupta sí, pero todos los ciudadanos también).

viernes, 8 de febrero de 2013

TIEMPOS MODERNOS (1936)

Más temprano que tarde, todos los que nos consideramos cinéfilos y/o cinéfagos, terminamos aceptando nuestra deuda con el maestro Charles Chaplin. Y no únicamente por convertirnos en herederos de más de una docena de obras maestras del cine en clave de comedia, sino por demostrar al escéptico mundo del celuloide que a través de la pantomima y el humor también se pueden realizar verdaderas obras de arte.
Todos (quién más o quien menos) conocemos la genial y generosa filmografía del genio británico, sus increíbles aportaciones al territorio humorístico y su capacidad para mantener vigente su estilo aunque corran raudos los años. Así, a día de hoy, me gustaría rendir mi más sincera pleitesía a uno de sus regalos más extraordinarios y esenciales que él entregó al cine, su imperecedera y valiosa "Tiempos Modernos" (Modern Times, 1936).
Y es que pocas veces uno se deja engatusar tan rápido y tan gustosamente por el visionado de una película, aceptando su juego desde la primera escena (memorable Chaplin en la fábrica) y disfrutando como un niño que acaba de descubrir la arena de la playa.
No es mi intención mostrar las entrañas de este clásico desde mi obsoleto y aporreado teclado (aunque confieso que cada momento de esta deliciosa comedia -y roza los 90 minutos- merecería un extenso análisis y mi más absoluta veneración, pues pocas veces una misma cinta auna tantos aciertos), pero sí que rescataré aquellas secuencias y grandes momentos que se consideran ya parte del culto cinematográfico histórico.
En "Tiempos Modernos", Chaplin es un trabajador cualquiera de una fábrica cualquiera que asume sin rechistar el extenuante ajetreo de su día a día. Hora tras hora y sin casi descanso (delirante escena de esa máquina que alimenta al obrero sin que pare de rendir), atornilla frenéticamente las piezas de la cadena de montaje hasta acabar física y mentalmente anulado.
Un día, sobrepasado por las circunstancias, el obediente obrero comete "algunos errores" que le valdrán el despido (con esa maravillosa secuencia de Chaplin entre los engranajes de la fábrica, una ya incunable impronta para el ojo cinéfilo) no sin antes dejar para la posteridad ese atornillamiento descontrolado de todo lo que se terciara.



Al ser expulsado de su oficio, y sin mayor aspiración que conseguir otro empleo en época de crisis (me ahorro el comentario fácil al respecto..), el hasta ahora modélico ciudadano vivirá todo tipo de incongruencias sociales causadas por la irrupción de la imperante industrialización en la ciudad. Entrará en la cárcel por tildársele erróneamente de comunista para salir poco después convertido en un falso héroe, se enamorará de una chica pobre y huérfana e imaginarán una vida en común con "pequeños" lujos (en esa casa entre cochambrosa y romántica) o incluso se empleará en trabajos de toda índole (siendo, por supuesto, su momento álgido y muy "sonado y sonoro" su actuación cantada al final de la cinta).
Chaplin deja patente en su discurso que la deshumanización se acentúa sin remedio con la llegada de la industria al país (la poderosa era de la maquinaria) llegando a plasmarlo en pantalla usando únicamente voces a través de ellas, como si la llegada del sonoro (éste era su film despedida del cine silente) equivaliese al fin de una era, más cargada de artificios y de menos candidez humana que la muda.
Como remarco, aquí sólo hablan las máquinas, ya sea a través de pantallas en el trabajo (algo rabiosamente actual, por otro lado), megafonías o radios, y se dibuja una decadente sociedad absolutamente autómata, ilógica y repleta de incongruencias, tal y como reflejan las escenas de la fábrica, la manifestación, el interés del obrero en paro por entrar en prisión, los trabajos que éste acepta....que dejan claro que Chaplin no sólo lamentaba la llegada del cambio (dejar el cine mudo le dolió demasiado) sino que nos dice que parece no encajar demasiado en ningún "nuevo" ámbito social, ni dentro ni fuera.


Tiempos Modernos en rigor, no deja de ser una "colección de grandes momentos" de previos trabajos de Chaplin dentro de su dilatada faceta como cortometrajista, donde rescata secuencias de "Charlot en la tienda" (The Floorwalker, 1916) copiando el momento "escaleras mecánicas", "Charlot, héroe del patín" (The Rink, 1916), de donde saca la estupenda escena de los patines en los grandes almacenes o el hecho de ser empleado como camarero, extraído directamente de "Charlot camarero" (Caught in a cabaret, 1914), donde son idénticas sus habilidades en el servicio.
Lejos de restarle méritos al film por dicha razón, creo que en este caso particular resultó una auténtica genialidad rescatar esas, por otro lado excelentes secuencias, de sus trabajos previos para darles forma de largometraje, demostrando una vez más (y van...) su maestría y personalidad delante y detrás de las cámaras.
Pero quizás sea en ese punto donde me disminuya ligeramente el entusiasmo global y acabe por no darle la excelencia absoluta. Y es en la falta de humildad del británico a la hora de realizar sus proyectos.
Como ya subrayé en el post de "Monsieur Verdoux" , en mi opinión Chaplin suele pecar de autosuficiencia, acaparando casi el 100% del metraje y siendo dueño y señor de la cámara, evidenciando, una tal vez, desmesurada "autoridad" (en todas sus acepciones).
Su compañera de correrías fílmicas (dentro y fuera de plató), la bellísima (y simpatiquísima según cuenta Errol Flynn en su fantástico libro) Paulette Goddard, también tiene su momento de gloria, pero siempre a la sombra del verdadero protagonista, el soberbio (también en sus varias acepciones) maestro del humor mudo.


Detrás de sus más de una docena de brillantes escenas sin desperdicio (en la fábrica, en la cárcel, en el centro comercial, en el restaurante, en la casa abandonada...), de un irrepetible Chaplin cantando una canción popular francesa, de tocar con asombrosa sutileza las drogas (esa cocaína en chirona) o el alcohol, hay una verdadera historia de amor, tierna y esperanzadora como su frase final, donde el carismático obrero le dice a su bella huérfana mientras se pierden en la distancia :
- Nos las arreglaremos.

lunes, 4 de febrero de 2013

EL TIEMPO EN SUS MANOS (1960)

La película que hoy comentamos podemos decir que es un referente de la ciencia ficción clásica, adentrándose además en uno de los temas más disfrutables para todos los públicos como es el de los viajes en el tiempo, siendo por tanto una cita casi ineludible para los cinéfilos. Alrededor de este film destacan dos figuras como son H.G. Wells y George Pal. Del primero, todo lo que digamos ahora se quedará corto, siendo sin duda alguna uno de los autores del género de ciencia ficción más importantes de todos los tiempos, y me atrevería a decir que uno de los que más veces, y con mejores resultados, ha sido llevado a la gran pantalla. Con obras como La vida futura (1936), La guerra de los mundos (1953), El hombre invisible (1933) o La isla de las almas perdidas (1932) - peculiar título que se le dio a la primera adaptación de La isla del Dr. Moreau - por citar las más conocidas.
El segundo destacó primero en su país como animador en el arte del stop-motion, para trasladarse en los 40 a los Estados Unidos, donde se convirtió en una figura polifacética dentro de la industria del cine. Sobresaliendo gracias a su artesanal arte en los efectos especiales en films tan reconocidos como La guerra de los mundos y en la que tratamos hoy, donde tomó también el papel de director. Pal fue uno de esos genios que supo tocar múltiples facetas dentro del business del cine (ejerció de director, productor, especialista de efectos especiales...).

Intentando convencer a sus amigos de que es posible viajar por el tiempo...
Destacó como productor, sabiendo llevar en la década de los 50 la ciencia ficción hasta los grandes estudios, convenciéndoles para hacer películas de género más vistosas y lujosas que las de serie B que poblaban los cines por aquellos años, sin que ello quiera decir que fueran  producciones muy caras. De hecho la que hoy tratamos solo costó 700.000$ de la época. Producida por la Metro-Goldwin-Mayer ante la negativa de la Paramount, ya quería orientarse más en la ciencia ficción del espacio (no tuvieron mucho tino en esta ocasión).
Dentro de sus aportaciones al séptimo arte también encontramos títulos como son La conquista del espacio (1955) o Destino a la luna (1950), logrando con esta última uno de los cuatro Oscar a los efectos especiales que logró a lo largo de su carrera, premio que también lograría con El tiempo en sus manos. 
Ya hemos hablado en otras ocasiones en el blog del contexto socio-político que vivían los Estados Unidos en los 50, por lo que no me extenderé sobre ello. Simplemente mentar que la tensión originada a raíz de la Guerra fría y el miedo atómico, generaron multitud de títulos de ciencia ficción de serie B donde se explotaban estos temas. En El tiempo en sus manos en concreto se habla mucho de estos temores a una guerra nuclear y sus posibles efectos, tomando especial protagonismo en la segunda mitad del film.

Listo para emprender el gran viaje...
La historia me imagino que es de sobras conocida por la mayoría, y nos sitúa en Inglaterra en el año 1899, donde cuatro acomodados hombres de mediana edad esperan pacientemente la llegada de su amigo y científico George (Rod Taylor) en el comedor de su casa, la tarde de vísperas de fin de año. Mientras se quejan y elucubran acerca del retraso del normalmente puntual anfitrión, éste entra visiblemente herido para pasarles a contar una increíble historia que acaba de vivir. Arrancando una semana antes, en un anterior encuentro entre estos amigos donde les comentó sus investigaciones en los viajes temporales y como ese mismo día viajó adelante en el tiempo, para ser testigo primero de la Segunda Guerra Mundial y posteriormente de un holocausto atómico que terminaría con la civilización como era conocida hasta entonces. Para viajar luego a un lejano futuro más allá del año 800.000 para descubrir que suerte había corrido la humanidad...
The time machine (título original que aquí se cambiaría, como solía ser habitual, por el de El tiempo en sus manos, creo que viene dado por una frase que se cita en varios momentos a lo largo de su metraje, donde el protagonista dice o le dicen que tiene todo el tiempo del mundo en sus manos). Como sea, es una extraordinaria película de ciencia ficción clásica cuidada con todo lujo de detalles gracias a unos efectos muy artesanales, incluyendo técnicas muy variadas como el stop motion, made-painting o la animación, teniendo como resultado unas imágenes que emanan esa magia clásica merced de estos efectos tan trabajados.

El maniquí que irá cambiando de vestidos...
Especialmente poética es la forma elegida para reflejar el paso de los años cuando hace sus primeros viajes hasta un futuro cercano, mediante un simple maniquí situado en una tienda de ropa delante del laboratorio, donde asistimos a un continuo cambio de vestidos indicativo del paso de los años y las modas de cada momento. Casi a las antípodas de la gran parafernalia que inunda el cine actual, sin con ello conseguir que sus imágenes nos impacten de la misma manera.
En su segunda mitad asistimos a un lejano futuro donde la Tierra ha recuperado su esplendor natural, pareciendo a priori un nuevo Edén, y se encuentra habitada por los Eloi y los Morlocks, deparando más de una sorpresa para todos aquellos que la vean por primera vez.

Más allá del año 800.000... ¿qué se esconde dentro de esas puertas?
El ritmo y estructura narrativa le va como anillo al dedo a la historia, desprendiendo en ciertos pasajes una gran melancolía por el tiempo pasado, los amigos que ya no están (como en su visita al futuro laboratorio ya abandonado hace mucho o el encuentro del nieto de su mejor amigo) o la sensación de pérdida de la riqueza de la cultura humana al llegar a un futuro sin respuestas (especialmente la escena de los libros). Siendo de aquellas que vi de pequeño que a uno siempre le apetece revisar nuevamente, y en esta ocasión si era en pantalla grande en el cine gracias a los compañeros de Phenomena, la oferta era irresistible, pudiendo así disfrutar del Technicolor en toda su esencia.
Un detalle muy importante es la máquina del tiempo en sí, un icono imborrable. Ha sido homenajeado en multitud de ocasiones, apareciendo en otras películas como Gremlins en la escena de la convención de inventores, desapareciendo al momento siguiente al haber viajado nuevamente en el tiempo; o en un episodio de The big bang Theory, en el que la compraban por ebay; y también en el primer trailer de Regreso al futuro, Michael J. Fox aparecía sentado en la máquina original alardeando de tener una máquina del tiempo mucho mejor, sacando su Delorian en comparación de la clásica del film de George Pal. Tampoco podemos obviar que es el objeto elegido para los premios del Festival de cine fantástico de Sitges. Lo dicho, un icono.

Los Morlocks...
George junto a la joven Weena, una inocente miembro de los Eloi...
El diseño de la máquina también tiene su miga, pues H.G.Wells no la describía apenas en su novela y George Pal que estaba obsesionado con los trineos (cada uno tiene su manías, que queréis que os diga...), quiso que su máquina tomara ese concepto, de deslizarse por el tiempo, y si nos fijamos, la máquina básicamente es un trineo.
Otra característica importante es la fuente de energía limpia que usa la máquina, aquí basada en una especie de cristales. Supongo que en contraposición de la aparición y explotación de una energía tan peligrosa y nociva como la atómica.
Tuvo su particular remake en el año 2002 dirigido por Simon Wells, la coincidencia de apellidos no es fruto del azar, pues se trata del nieto de H.G.Wells. A pesar de que en los efectos y en algunos aspectos de su ambientación y producción se nota que se trata de una obra de no bajo presupuesto, no podemos decir que resultara demasiado satisfactoria y palidece al lado de su antecesora. Sin duda alguna quedaros con el original, no saldréis defraudados.


sábado, 2 de febrero de 2013

EL ÚLTIMO DESAFÍO (2013)

En el pasado 2012, superada ya su "excepcional" andadura política y ese misterioso, sonado e inesperado divorcio con la hija de los Kennedy, el exgovernador/actor/culturista de origen austríaco Arnold Schwarzenegger retoma su carrera interpretativa (los cameos no contarían) y nos recompensa con media docena de nuevos proyectos (de entrada interesantes) en lontananza (The legend of ConanTerminator 5, ¿la secuela de "Los gemelos golpean dos veces"? y algún que otro refrito más...).
Arnold, actualmente con 65 años de edad, anda bastante lejos de aparcar su faceta como hombre de acción en pantalla, volviendo al redil esta vez de la mano de uno de los mejores directores surcoreanos de la actualidad, Kim Ji-Woon (responsable de la notable "A bittersweet life" o la soberbia "Encontré al diablo") a quién Hollywood, con total seguridad, ha tentado con grandes sumas de billetes.
¿El resultado?, la cinta "El último desafío"(the last stand), un film de acción con esencia de "western fronterizo" que parece ajustarse a las necesidades físicas y "profesionales" de Schwarzenegger, con un personaje fabricado a su percha y con unos secundarios de reclamo para un público con ganas de juerga juvenil y alocada (ahí está sino el "Jackass" Johnny Knoxville), y es que Arnold, a su edad, no era suficiente garantía de acción sin límites...
La historia de esta "The Last Stand" comienza con la fuga del importante narcotraficante Gabriel Cortez (el Eduardo Noriega de siempre, inexpresivo, peinadito y de anuncio de perfume) del corredor de la muerte, y su consiguiente huida a gran velocidad gracias a un "súper bólido" hacia la frontera de México, donde un Sheriff de un tranquilo pueblecito llamado Sommerton (como no, el bueno de Arnie), disfruta de su merecido día libre.
El solitario, querido y respetado Sheriff Owens y su variopinto equipo se enfrentarán así al mayor peligro de sus vidas: pararles los pies a un grupo de narcotraficantes armados hasta los dientes que buscan pasar la frontera para así quedar libres de las leyes estatales.
Como seguro bien imagináis, el FBI anda detrás (muy detrás), capitaneados por un arquetípico agente interpretado esta vez por Forest Whitaker (aunque sería perfectamente canjeable por cualquier otro) y toda una banda de policías multiétnicos para satisfacción de un mayor número posible de público.
Así pues, la acción está servida. Los malos contra los buenos (aunque Noriega le venga muuuy pequeño al prensado Arnold) más el mundo de la droga y/o el poder asomando por encima de la ley. Sin novedad en el planteamiento.


Por otro lado, y siendo justos con el film, se justifica por no querer engañar a nadie; pues incluso el subrayado de su cartel promocional -rendirse es de mariquitas-, aclara toda duda acerca de su naturaleza. Y en eso, sí acierta. Su dosis de acción y violencia está no sólo garantizada, sino muy bien exprimida a la vez que notablemente bien filmada.
En "El último Desafio", Arnold ironiza acerca de su edad y su forma física como se preveía (no faltarán guiños hacia su musculatura), Knoxville se accidenta como era de esperar en él y nuestro Noriega asume de nuevo que será un latino traficante el resto de su carrera en Hollywood (nada reprochable si luego miramos su billetera, aunque se pase toda la película dentro de su bólido), para así dejar que la función acabe por ser desprejuiciada, enteramente disfrutable y desprovista de cualquier otra pretensión intelectual, por lo que.... aceptamos barco.
Pasando de esta manera por alto las costuras prefabricadas de una película más standard de lo que parece, y teniendo en cuenta que significa el resurgir de un mito de la acción de los 80 (eso nos toca la fibra interna a una generación entera), el film "encargo" del coreano Kim Ji-Woon resulta finalmente un sano entretenimiento para un público joven, con algunas secuencias estupendas (el esperado tiroteo en el pueblo, la anciana despiadada, los parsimoniosos lugareños con su desayuno hiper calórico...) y un personaje central que, sin ser una maravilla, consigue adecuarse a las circunstancias.


En definitiva, "El último desafío" es un film sin reproche alguno que, tal y como indica su argumento, se queda en la frontera de ser algo más, pero eso no significa que no se pueda disfrutar como nos venden. Bienvenido de nuevo Arnie, ¡has vuelto!

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