miércoles, 11 de enero de 2017

GODZILLA (1984)


El fracaso de Godzilla contra Mechagodzilla (1975) en los cines japoneses provocó un parón en seco de la producción de nuevas entregas de la saga y así fue hasta 1984. Durante esos 9 años, la figura de Godzilla se erigió como un incontestable icono pop a nivel mundial, y si en Japón ya no se hacían más entregas de la serie, si se estrenaban en el resto del mundo, aunque si bien los horrorosos remontajes y doblajes hicieron que la imagen de estas películas fuera totalmente freak y distorsionada.
Se negociaron numerosos proyectos en Japón para continuar la saga, como Gojira tai Leoman, pero ninguno de ellos llegó a buen puerto. Mientras tanto, en el resto de países asiáticos, subproductos de serie Z con monstruo gigante inundaban las pantallas mostrando una cara totalmente decadente del género, ya pasto de las sesiones más grindhouse de lugares recónditos del mundo.
En EEUU, Hanna Barbera se atrevió con una serie de animación titulada simplemente Godzilla y aunque gozó de cierto éxito, su calidad y trato del personaje era bastante vergonzoso.
Aprovechando el renacer de las monster movies de los 70 como el nuevo King Kong (1976), Tiburón (1975) o Piraña (1978), se empezó a fraguar, a principios de los 80, una versión americana del saurio radiactivo. El encargado de dirigirla iba a ser Steve Miner (Viernes 13, 2ª y 3ª parte) y siguiendo la moda de esos años iba a ser rodada en 3D, pero finalmente el proyecto no llegó a producirse.
Godzilla vuelve a Tokyo 30 años después
Si tenemos que darle las gracias a alguien por el renacer de Godzilla en toda su gloria a mediados de los 80 es a Tomoyuki Tanaka, productor de la Toho y de toda la saga Godzilla, quien gracias a su cariño por la criatura y su incansable esfuerzo, hizo dar a luz el proyecto de una nueva entrega de Godzilla.
En 1983 se organizó en Japón un festival donde se proyectaron todas las entregas de la saga clásica, lo que ocasionó una nueva fiebre Godzilla entre los japoneses, hecho que allanó el terreno para la producción de Godzilla (1984). Algunas de las obligatorias directrices para esta nueva entrega era que Godzilla volviera a ser la criatura maligna y destructora de sus inicios, y que la única referencia de la saga fuera la inicial Japón bajo el terror del monstruo (1954), siendo una secuela directa de la misma 30 años después (y obviando el resto de entregas de la saga clásica).
Ishiro Honda se mostró interesado en regresar a la saga pero la Toho (para tristeza de Honda), acabó eligiendo a Koji Hashimoto, director de amplia experiencia como ayudante de dirección en numerosos títulos de la saga clásica de Godzilla, así como también de grandes blockbusters de la destrucción como El hundimiento de Japón (1974) o Apocalipsis 1999 (1974).
En el film, un submarino atómico soviético es destruido por un enemigo desconocido. Los rusos piensan que han sido los americanos y preparan la guerra contra Estados Unidos y los países de la OTAN. Entonces, un avión de reconocimiento japonés declara que el enemigo fue Godzilla. Las noticias de su regreso hasta ahora ocultadas son hechas públicas.

Godzilla vuelve a ser la criatura malvada de sus orígenes
En Godzilla, los políticos las pasan canutas
La pareja de enamorados intentará sobrevivir de entre la destrucción
El mejor momento, tras explotar un misil nuclear, el cielo de Tokyo se tiñe de rojo sangre
¿Habrá algo que pueda detener a la bestia?
Es de remarcar que cuando un film de Godzilla se pone serio es infalible como representación social de una época con sus temores y obsesiones, creando una radiografía del momento muy interesante. Japón bajo el terror del monstruo (1954) funcionaba a la perfección como metáfora de las bombas de Hiroshima y Nagasaki, así como de las heridas aún abiertas de la II Guerra Mundial, y la reciente Shin Godzilla (2016) lo hace del desastre de Fukushima.
Este Godzilla ochentero recoge de forma muy acertada el clima de la Guerra Fría, las tensiones entre EEUU y Rusia y el nuevo temor a una guerra atómica con Godzilla como representación de estos temores. De esta manera, una parte del metraje transcurre entre despachos y cómo los gobernantes se enfrentan a la situación de contener el regreso de Godzilla 30 años después, mientras Rusia y EEUU les presionan con detonar una bomba atómica sobre Tokyo.
Preparando el traje de la criatura
Esta nueva entrega es seguida con un tratamiento muy serio y realista, hecho que se agradece, aunque esa seriedad se vea en entredicho cuando en el tramo final aparece el Super-X (una nave de defensa súper moderna) o unos tanques que disparan rayos láser.
El film está lleno de imágenes poderosas, de ideas nuevas y resultonas, como ese inicio pseudo gore con un barco infestado de enormes cucarachas agigantadas y que resultan ser los parásitos de Godzilla. El monstruo tarda en aparecer y su primer acto de presencia en plena central nuclear japonesa es imponente. La cinta, quizás para empatizar de una mayor manera con los personajes principales (los cuales sufren la destrucción en primera persona), toma una gran influencia del cine catástofrico de la época como Terremoto (1974), El coloso en llamas (1974) o El hundimiento de Japón (1974), con los protagonistas quedando atrapados en un edificio semi-destruido e intentando escapar de entre los escombros.
Los efectos especiales son imponentes en muchos momentos (si lo comparamos con las entregas de los 60 y 70), y las secuencias de destrucción consiguen un muy logrado nivel de dramatismo. Godzilla, en esta ocasión está más crecidito y llega ahora a los 80 metros de altura, y aunque vuelve a su apariencia animal y amenazadora, no se lucieron especialmente con el diseño de la cabeza de la bestia, con unos ojos algo fallidos y distraídos.
Los 30 últimos minutos de la cinta son una escalada impecable de tensión y geniales momentos: Godzilla causando destrucción y enfrentándose a la navecita ultramoderna Super X, mientras un misil nuclear amenaza estallar sobre Tokyo, y haciéndolo en plena atmósfera causando un apocalíptico e infernal cielo rojo sobre la ciudad de excelentes resultados...
Godzilla (1984) vuelve a tomarse en serio a la bestia y lo acerca a las nuevas generaciones con una propuesta que se mueve en terrenos más realistas con un sólo monstruo atacando la modernísima y ochentera Tokyo.
Una película que funciona como parábola política de la época y como entretenido film catastrofista. Además, contiene ese aroma ochentero que tenían todas las producciones japonesas de la época, que es irrepetible y le da un plus aún mayor. Al haber un solo monstruo, la historia puede volverse sosa y lenta por momentos, el Super X por poco arruina el tono realista del film, pero en general es una muy competente puesta al día del mito radiactivo y que gana con cada visionado (y la canción pop ochentera de los créditos finales, interpretada por The Star Sisters y titulada Goodbye Godzilla, la estuve cantando meses cuando era pequeño, piel de gallina cuando la escucho en el presente).

Un momento de Godzilla 1985, el esperpéntico remontaje americano del film japonés
El film obtuvo una muy buena taquilla en Japón, con 3,5 millones de espectadores y se convirtió en un pequeño clásico de los video-clubs. Tomoyuki Tanaka vio cumplido su sueño de hacer regresar a Godzilla a las pantallas y con un éxito recuperado, por lo que se retiró del mundo de la producción cinematográfica aunque en las futuras entregas de la saga su nombre aparecerá siempre en los créditos como homenaje a un hombre que se desvivió por el personaje desde sus inicios en 1954.
En EEUU y por raro que parezca en plenos años 80, se volvió a realizar un horripilante (aunque interesante para completistas) remontaje titulado Godzilla 1985, donde se eliminaron numerosas escenas y las sustituyeron por actores americanos, entre ellos Raymond Burr, quien retoma su personaje del remontaje americano Godzilla King of the monsters (1956) 30 años después en calidad de "experto" en materia monstruosa.
Por supuesto, el trato neutral que el original japonés daba al conflicto entre Rusia y EEUU fue eliminado de este montaje y con patéticos momentos como el de presentar a un diabólico personaje ruso que a malas activa el misil nuclear sobre Tokyo (cuando en la original intenta detenerlo muriendo en el intento).
(Redactado por Adrián Roldán)

domingo, 18 de diciembre de 2016

BÉSAME Y NO ME MATES (1966)

De todas las parodias del agente 007 que se perpetraron entre los años 60 y 70, también denominadas "blondsploitations", existe una en concreto que precisaba de mayor atención por nuestra parte.
Se trata de una bien curiosa co-producción Italo-Americana de título "Bésame y no me mates" (Operazione Paradiso), dirigida por el que fuera guionista de "Diabolik", Arduino Mauiri, aunque bajo la estrecha supervisión del norteamericano Henry Levin (que además se llevaría los honores a nivel internacional e incluso figuraría como único director del film).
Con un reparto de orden televisivo, presupuesto limitado y rodada prácticamente en su totalidad en Río de Janeiro, el film no sólo destaca por ofrecer los consabidos (y esperados) ingredientes oportunos en un film de espías, sino también por su increíble imaginación, humor, ritmo y personalidad, siendo, en opinión del que esto suscribe, seguramente la mejor parodia de James Bond que se haya hecho nunca (por encima incluso de la archiconocida superproducción "Casino Royale", de 1967).
En esta más que delirante cinta, seguiremos las andaduras del agente Kelly, un apuesto hombre de la CIA también conocido como 409, en su peligrosa cruzada contra el magnate David Ardonian y su terrible plan de esterilizar a todos los varones del planeta para así "controlar la superpoblación" (excepto él, claro).
El agente Kelly, siempre con la mira a punto
Kelly contará con la ayuda de la agente infiltrada del MI-6 Susan Fleming y su infalible arte de la seducción como principal arma, amén de su impredecible chófer y ése impecable Rolls Royce repleto de descacharrantes e imposibles gadgets.
Una más que lograda secuencia de persecución, rodada (por primera vez en el cine) en el llamativo Cristo de Corcovado, a 30 metros de altura, abre el film de manera impecable, mostrando pronto sus cartas y sabiendo equilibrar las dosis de humor y acción de manera tan elegante que recuerda, sin desmerecer, a los clásicos thrillers del genial Hitchcock.

Una sensacional escena desde el Cristo de Corcovado abre el film
Bellezones en camisón que no falten....y si además hay escorpiones en la cama, pues mejor.
El mad doctor que nos quiere esterilizar a todos

Mr. Ardonian espía a su harén como es debido
Poco a poco, y siempre acompañados de una banda sonora tan apropiada como se podía esperar, nos veremos inmersos en una historia de espías encantadora y sobre todo, muy entretenida, con mucho sentido del humor pero sin llegar nunca a la patochada, y con una galería memorable de personajes, trazados con inteligencia y mucha cinefilia. No sólo el personaje central es ciertamente acertado (un Mike Connors divertidísimo como impersonator de Dean Martin), sino que el resto del cast también funciona a la perfección, algo que de muy pocas películas se puede afirmar; desde la pareja británica formada por la irresistible Dorothy Provine (Susan) y el cómico Terry-Thomas (aquí como imprevisible chófer y al que veremos también en Diabolik), pasando por una galería de mujeres a cada cual más impresionante, hasta el "profidéntico" mad doctor encarnado por un inolvidable Raffaele Vallone y su peculiar secuaz gay Omar, todos forman un conjunto coral tan seductor como entrañable, de perfecta sintonía.
La misión de detener los locos planes de Ardonian son, probablemente, los minutos más logrados del film, pues pasamos del thriller de acción de inicio a la comedia, y luego al delirio de ciencia ficción a medida que avanzan los minutos. La idea de querer esterilizar a todos los varones del planeta con radiación sideral, gracias a la ayuda de una compañía china que le proporcionan un cohete, para así repoblarlo (él solito) con su harén de mujeres selectivamente escogidas, como bien suponéis, y mantenidas en una suerte de hibernación suspendida, resulta casi una genialidad. Toda una declaración de intenciones para una parodia demencial, lúcida y muy estimable.
Algunas partes en el meridiano del film, sobre todo lo relacionado con las secuencias de Carnaval (¿una imposición de la productora con vistas al turismo?), pueden empañar un resultado todavía más redondo, ralentizando la narración, desviando nuestra atención y atrabancando la fluidez cómica, llegando incluso a poder aburrir por momentos (no es mi caso, pero sería comprensible).

El simpático duelo entre espías. Una escena tan cómica, como sensual e irresistible
Ahí acabarás agente 409, devorado por peces hambrientos.

Su obsesión por los plátanos, un tema pendiente.
Sin embargo, secuencias como la del enfrentamiento entre los agentes mostrándose sus disparatados gadgets en pleno salón quedará para siempre en mi memoria. Tanto como las distintas y tan variadas virguerías tecnológicas que inundan el film o la caprichosa relación de nuestro agente con las bananas (aún le estoy dando vueltas).
Este irónico film-fumetto fantacientífico, conocido también como "Se tutte le donne del mondo..." (Si todas las mujeres del mundo...), no sólo es una parodia al uso del universo Bondiano, sino que incluso acabó resultando inspiradora para la mismísima saga 13 años después, pues "Moonraker", de 1979, está directamente influenciada por ella, con un guión bastante similar.
Considerada por Quentin Tarantino como una de sus películas favoritas, sigue maltratada a nivel de distribución a día de hoy, muy mal editada (en DVD piratas) e incomprensiblemente ninguneada. Una verdadera pena.

La modernísima guarida de Ardonian, toda una experiencia
Un harén en conserva para cuando sea Mr. Ardonian el único fértil en la Tierra. Un plan ingenioso y no tan loco.
En conclusión, una comedia de espías altamente satisfactoria, que no contó con el apoyo crítico, ni europeo ni americano en su momento, pero que debe reivindicarse con premura, pues sin duda se trata de un más que saludable ejercicio fílmico, sin pretensiones y buscando entretener, pero sin poner en entredicho la inteligencia del espectador.

Cartel promocional del film en los Estados Unidos.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

GODZILLA CONTRA MECHAGODZILLA (1975)


Godzilla contra Mechagodzilla fue planteada como un intento serio de relanzar a Godzilla y devolverlo a su glorioso podio. Se aumentó el presupuesto, se recuperaron elementos sórdidos y más adultos y, milagros del mundo del cine, se consiguió recuperar a Ishiro Honda para la dirección de su criatura y a Akira Ifukube para la banda sonora.
Honda ya declaró estar hastiado de la saga y más cuando su gran amigo, el mago de los efectos especiales Eiji Tsuburaya, murió habiendo comenzado el rodaje de La isla de los monstruos (1969), llevándose parte de la magia de la saga, por lo que su regreso es un motivo de alegría. Ifukube vuelve a crear sus magníficas bandas sonoras que lograrían que hasta Plan 9 from outer space (1957) se convirtiera en una obra maestra; en este caso con unas sinfonías aún más dramáticas y trágicas que en ocasiones anteriores.
Debido a la buena aceptación general de Cibergodzilla, máquina de destrucción (1974) donde parecía que la réplica robótica de Godzilla había conquistado el corazón de los seguidores, se decidió recuperar al mastodonte robótico para seguir destruyendo ciudades. Como veremos más adelante, si la anterior entrega emanaba aventura y diversión sin complejos, ésta va por el lado contrario, pero radicalmente.
No sé qué le pasaba por la mente a Ishiro Honda al enfrentarse a esta entrega, pero parece dominado por el pesimismo y la tragedia, como si el fantasma de la muerte de Tsuburaya aún le rondara bien cerca. El resultado fue una de las entregas más interesantes de la saga clásica de Godzilla.
Tras la misteriosa destrucción de un submarino, unos investigadores de la Interpol comienzan a buscar al desaparecido profesor Mafune, que 15 años atrás había declarado el hallazgo bajo el mar del monstruo Titanosaurio. Ahora trabaja para los alienígenas del tercer planeta del agujero negro, cuya ambición es conquistar el mundo con su ayuda y la de un Cibergodzilla reconstruido.
El problema principal de esta entrega es que es prácticamente un calco de la anterior (que ya era de por si repetitiva en ciertos esquemas); misma invasión comandada por los extraterrestres del tercer planeta (incluso con el mismo actor/personaje como líder de la sociedad alienígena), se sustituye a King Caesar por Titanosaurio y CiberGodzilla vuelve a ponerle las cosas difíciles a Godzilla.
En ese sentido, la trama general está hecha con desgana y con una insultante repetición, aunque como veremos se plantea como el reverso tenebroso de la anterior. Si bien esta entrega cobra personalidad precisamente por la trama humana, a opinión personal, de las más interesantes y rescatables de la saga gracias a un personaje en concreto, la cyborg Katsura. El alma del film se concentra en este personaje torturado de una chica antaño llena de vitalidad pero que tras un accidente mortal es revivida por los citados extraterrestres en forma de cyborg, recluida y torturada porque no puede reprimir emociones humanas como enamorarse del galán con pelazo que protagoniza la cinta.

- ¡¡¡Esos idiotas no volverán a reírse de mi!!! - Papá, tranquilo y tómate la medicación.
El magnífico flash-back donde Katsura es transformada en cyborg
Godzilla, esta vez, solo ante el peligro
- Tu corazón está podrido y seco...
El galán enamorado intentará sabotear el complot alienígena
Solucionado el entuerto, Godzilla se retira a por un merecido descanso
Gracias a Katsura podemos ver el primer y único topless de la saga (aunque sea un trozo de plástico con cables) dentro de un magnífico e inquietante flash-back donde los extraterrestres ataviados con batas moradas cual Jeremy Irons en Inseparables (1988), irrumpen en el laboratorio de Mafune y se llevan a su hija moribunda.
Hay cierta conexión decadente con el primer Godzilla de 1954, Mifune no deja de ser la continuación trasnochada y envejecida del profesor Serizawa (de hecho están interpretados por el mismo actor), y el final trágico y kamikaze por parte de Katsura conecta con el sacrificio final de Serizawa.
En este sentido, el drama humano está más conseguido de lo habitual, y es raro sentir que te interesen más los personajes que el enésimo enfrentamiento monstruoso. Aunque los extraterrestres malvados continúan protagonizando momentos risibles y encantadoramente naifs, como ese terrible momento del líder alienígena reprendiendo a latigazos a sus secuaces, una escena llena de morbo y sadomaso del espacio exterior.
La nueva incorporación al bestiario de la saga es Titanosaurio, un monstruo de carácter mucho más realista que anteriores batacazos imposibles como Galien o Megalon. Las apariciones del monstruo marino están resueltas con gran destreza, rodados con contrapicados y con un cielo real de fondo que remarca el enorme gigantismo de la bestia, fantástico.
Godzilla aparece tarde y se siente como un mero trámite de la historia, aunque esta vez sufre enfrentándose él solito a 2 monstruos duros de pelar, y a pesar de algunas llaves de kárate inexplicables, Godzilla se presenta de una manera más seria y solemne que ocasiones anteriores.
Godzilla contra Mechagodzilla es un film interesante, triste, pesimista y más adulto de lo acostumbrado (¡hay muertes y tiroteos!). Ishiro Honda parece que es y será el más indicado para dirigir a su criatura y se denota en cómo están plasmadas las escenas de destrucción, las perspectivas de los monstruos y ese tono trágico tan personal.
Esta entrega, a pesar de estrenarse a bombo y platillo como el gran regreso triunfal de la criatura, fue el mayor fracaso de la saga con apenas 970.000 espectadores en Japón, dando carpetazo final a la serie clásica de Godzilla hasta 1984.
Por lo que la hermosa escena final, de un Godzilla adentrándose lenta y casi fantasmagóricamente en las aguas japonesas para tomar un merecido descanso, deja un poso lleno de melancolía y tristeza. El de una era que se acaba.


En EEUU se estrenó en cines como Terror of Mechagodzilla, pero no lo hizo hasta 1979 con un remontaje horripilante donde se eliminaban todas las escenas de violencia y desnudos, eso incluye el agradecido topless y para mayor horror, el suicidio de Katsura, por lo que el final se quedaba totalmente cojo. Un batiburrillo sin sentido.
Ishiro Honda nunca más volvería a la saga, de hecho abandonó la dirección de filmes y volvió a sus orígenes de ayudante de dirección junto a su gran amigo Akira Kurosawa, y trabajó en Kagemusha (1980), Ran (1985) o Los sueños de Akira Kurosawa (1990), donde el propio Honda dirigió el episodio de "El Monte Fuji en llamas", volviendo a su tema predilecto, el apocalipsis atómico.

lunes, 12 de diciembre de 2016

CIBERGODZILLA, MÁQUINA DE DESTRUCCIÓN (1974)

Tras la debacle artística y crítica que supuso el último film de la saga Godzilla, la delirante Gorgo y Supermán se citan en Tokyo (1973), parece que los productores de Toho se pensaron mejor las cosas antes de abordar la nueva entrega de nuestro saurio radiactivo. El siguiente film iba a tener una factura mínimamente más cuidada que el desastre de los anteriores filmes, muy pobres y repletos de stock shots de otras entregas.
Jun Fukuda volvió a ponerse tras la cámara (por última vez en la saga) para abordar la clásica Cibergodzilla, máquina de destrucción, y podemos ver varios cambios significativos y de agradecer para el respetable.
En el film, una profecía ancestral de Okinawa predice que un monstruo aparecerá para destruir el mundo, pero será detenido por dos criaturas colosales. El hallazgo de una estatua en las cavernas de Okinawa indican que se trata de la llave para llamar a King Caesar, el guardián de la zona, y el único que puede detener la oleada de destrucción provocada por CiberGodzilla, un ser cibernético construido por la raza alienígena del tercer planeta del Agujero Negro, que ha llegado a la Tierra con pretensiones de invadirla.
Fukuda parece recoger lo mejor que dejó en Los monstruos del mar (1966), ese ambiente aventurero en donde no paran de sucederles cosas a los personajes mientras van de un lado para otro enfrentándose a mil eventualidades. En este caso la historia se contagia del espíritu de los films de espionaje y de James Bond (con un agente secreto muy cool y lleno de recursos) con las manidas invasiones extraterrestres, y se agradece enormemente que el tufillo infantil se vea reducido considerablemente, presentando ciertos momentos violentos y de carácter más adulto que entregas anteriores.
La idea de Cibergodzilla, la de presentar una réplica cibernética y malvada de Godzilla, provista de múltiples gadgets y prácticamente invencible, es tan atractiva que no entiendo cómo tardaron tanto en presentar tal idea en la saga. Recordemos que en el Japón de 1974 (y en el resto del mundo) los robots, gracias a Mazinger Z, estaban más de moda que nunca, así que por qué no aprovechar el tirón cibernético para atraer más espectadores de cara a la ya moribunda saga.
Godzilla vs Godzilla
¿2 Godzillas? Aqui hay algo que no cuadra
La verdad se descubre y Cibergodzilla se las hace pasar canutas al saurio radiactivo
Detrás de todo están los extraterrestres de turno, parece que les gusta el planeta Tierra por los puros
Aunque los efectos especiales están algo más cuidados y se le intenta dar un aire serio a este nuevo Godzilla (¡¡vuelve alguna que otra escena de destrucción masiva!!), las batallas continúan siendo un festival del humor incontrolable, pero pese a esto, son muy entretenidas de ver por la inusual violencia que desprenden. Cibergodzilla destroza a Anguirus partiéndole la mandíbula y brotando de ella chorros incontrolables de sangre (a lo King Kong con el T-Rex) y en un momento glorioso de la batalla final, el cuello de Godzilla revienta a borbotones cual film de samuráis de la época tras el impacto de cohetes y rayos multicolores por parte de su réplica robótica.
Resulta bien llamativa la forma en la que está rodada la batalla final a 3 con una dolly o zooms constantes y realizando movimientos de cámara más propios del spaguetti western que de un kaiju.
King Caesar le echará una mano a Godzilla
Se agradece, aunque sea de forma torpe, la recuperación de un tema clásico como es el enfrentamiento entre lo tecnológico y moderno, contra lo tradicional representado en la criatura llamada King Caesar, un ser que parece recuperar lo mejor de Mothra con una rebuscada profecía de Okinawa, sacerdotisas y cánticos varios; aunque el monstruo, con su look de caniche trasnochado, resulte más risible que otra cosa.
Se agradece sobremanera pequeñas sorpresas argumentales como que un moribundo Godzilla recoja energía de los rayos de una tormenta y consiga imantarse, lo que será un arma inesperada para Cibergodzilla y los extraterrestres (¡¡pero bueno, ¿ahora qué pasa?!!, exclama el villano de turno).
Hablando de los extraterrestres de este film, no dejan de ser los aliens de cuarta de cualquier producción similar, con trajes de aluminio y cascos estrafalarios gritando a los cuatro vientos lo malvados que son, pero tienen la suficiente personalidad como para prestarles atención, además cuando mueren se les cae su cara humana y resultan ser...¡¡¡simios!!! (y bastante calcados a los de El planeta de los simios (1968), si es que más no se puede pedir).

La sacerdotisa de rigor cantará durantes unos largos minutos
Tranquilos que hay rayos mortíferos para todos
Godzilla acaba hecho un colador
Tramas de espionaje, extraterrestres estrafalarios, investigación sin fin, una profecía milenaria, un científico imposible con una pipa de adamantium multiusos (la hizo un día que se aburría, según él), el clon robótico de Godzilla, monstruos defendiendo la tierra... Todo el conjunto hace que sus 80 minutos se pasen en un suspiro, resultando ser una de las entregas más divertidas y disfrutables en mucho tiempo, aunque no logre quitarse la etiqueta de Serie "casi" Z. Además, la banda sonora de Masaru Sato, en esta ocasión, logra ser gloriosa (más setentera imposible).
El film resultó tener una tímida recaudación en taquilla respecto a la anterior entrega, consiguiendo que 1,33 millones de espectadores acudieran a verla, si bien causó una buena aceptación general.
Sólo diré una cosa más: era una de mis películas favoritas cuando tenía 10 años.

MODESTY BLAISE, SUPERAGENTE FEMENINO (1966)

No sólo Italia adaptó sus tiras cómicas nacionales a la gran pantalla durante la segunda mitad de la década de los 60. También otros países europeos se apuntaron oportunamente a esa intensa aunque efímera fiebre y así comenzaron a aflorar, siempre al socaire del film que lo originó todo, "La Máscara de Kriminal", varios proyectos de distintas pretensiones pero de muy similar naturaleza.
La delirante trilogía del "Killing" (exploits turcos de la citada Kriminal), la pretenciosa "Mr. Freedom" en Francia, algunas co-producciones italianas más rebuscadas como "Lo Scoiattolo", "Mister-X" o "Lucky, el intrépido" (de nuestro incansable Jesús Franco), o la más famosa de todas, "Barbarella", acuerdo de producción entre Italia y Francia, son sólo un ejemplo de esta pasajera, pero muy estimable moda pop en el cine.
Se consolidaba pues la nueva figura del anti-héroe amoral y nihilista (y enmascarado a ratos) que va en contra del sistema gubernamental y que, por lo general, persigue diamantes junto a su(s) amante(s) enfrentándose además a crueles y excéntricos criminales.
De entre todas esas producciones no italianas hay un caso bien singular; el primero procedente del Reino Unido, "Modesty Blaise, superagente femenino", y obra (por encargo) del exiliado y reconocido Joseph Losey (1909-1984), autor del clásico "El Sirviente", que adaptaba la tira cómica homónima de Peter O'Donnell y Jim Holdaway estrenada en 1963.

Modesty, que no le faltan ingresos precisamente, sólo se mueve por el "placer" del trabajo...
Pese al esbozo de guión que creó O'Donnell en 1965, el film sufrió tantos retoques que poco tiene que ver con la versión original. Eso, junto con la falta de entusiasmo por parte del director, dio como resultado un batiburrillo anodino, interminable y confuso que, pese a optar (inexplicablemente) a la Palma de Oro de Cannes en 1966, no merecería un lugar de honor dentro del género en cuestión.
En el apartado argumental, tenemos a la seductora espía Modesty Blaise (encarnada por la atractiva italiana Monica Vitti), que acudirá a la llamada del gobierno británico para tratar de arruinar los planes de Gabriel, un amanerado y rico criminal (Dirk Bogarde), para así evitar que éste se adjudique unos diamantes de valor incalculable.

Psicodelia y estilo pop sesentero, ¿irresistible?
Un ejemplo de plano de "autor" por parte de un desmotivado Losey
Bogarde, un villano inolvidable
Siempre acompañada de su leal compañero Willie Garvin (nada menos que un Terence Stamp en plan seductor), nuestra glotona espía paseará su palmito y sus modelitos de aquí para allá haciendo de todo un poco, desde seducir al personal a vergonzosas luchas de sofá.
Rodada entre Ámsterdam, Nápoles y Sicilia, el film presenta unos decorados de lo más psicodélicos, una puesta en escena de cómic (con planos "de autor" que chirrían más que suman) y unas localizaciones, eso sí es de ley reconocerlo, estupendas, amén de unos actores de primer orden que elevan el producto del despropósito absoluto.
Si bien el film pretendía ser un spoof de las películas de James Bond, lo cierto es que únicamente lo logra en determinados instantes, demasiado pocos de hecho, siendo el resto del metraje una comedia sin gracia ni ritmo. El ir y venir de personajes de un lado para otro, con una excesiva carga de diálogos, poquísimo rigor cultural y con las clásicas y estereotipadas escenas de este tipo de producciones (véase: persecuciones "peligrosas" de coches, armas nucleares, un buen puñado de acólitos imbéciles y torpes a los que eliminar sin pestañear, glamour de chichinabo y un par de affairs edulcorados, etc etc..), convierten a esta especie de eurospy derivado de un cómic, en un film sin mayor interés.

Fantástica captura de un fotograma del film en tonos sepia. Bogarde con Vitti.
Escena del rodaje con Terence Stamp. La magia del cine.
Portada del cómic en España
Tan sólo la destacable actuación de Bogarde como villano gay, su sintonía pegadiza y un discreto pero apreciable desfile de encantos femeninos, más su propia esencia de cómic hecho película, hacen de "Modesty Blaise, superagente femenino" un film moderadamente singular, muy irregular y amorfo pero de algún modo encantador, aunque imagino que sólo para el cinéfilo o amante de los cómics, que verá en su conjunción de responsables e idea un caso de lo más insólito.
Travolta leyendo a Blaise en Pulp Fiction
La tira cómica original se editó en España en 1974, y los fascículos encuadernados posteriormente en dos únicos tomos tuvieron la particularidad de tener a Monica Vitti en su portada. Curiosamente, siempre que una colección de ‘Modesty Blaise’ se ha publicado en nuestro país, paralelamente se han publicado una colección de formato idéntico de James Bond.
Existen además otras dos versiones cinematográficas de la espía. Un episodio piloto de 1982 que no acabó de cuajar en Estados Unidos, y "Mi nombre es Modesty: una aventura de Modesty Blaise", un film Direct2Video de 2004 del director de "Hostel 3" y que, según parece, se acercaba más a la espía cruel y despiadada del original de base.
Tanto es así, que el propio Tarantino, fan del cómic y que lleva años queriendo adaptar dicho personaje, intervino en tareas de producción. Además, ¿quién no recuerda a Vincent Vega en Pulp Fiction leyendo en el váter antes de ser masacrado?. Pues fijaos bien en su elección. Nada menos que nuestra comentada señorita Blaise.
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