domingo, 8 de octubre de 2017

FESTIVAL DE SITGES 2017: DÍA 3

Muchos esperábamos el nuevo film de Jaume Balagueró con ilusión y realmente esperanzados a repetir una experiencia similar a la que vivimos con "Mientras duermes" en 2011, que en mi opinión es una de sus mejores realizaciones, sino la mejor (al menos en solitario).
Aún con algún que otro tachón en su filmografía (que recordemos incluye OT o Rec4), el lleidatà ha demostrado que domina el terreno del terror y su manejo con la cámara no es aquí ya el debate, pues está consolidado a estas alturas y sus puestas en escena son de primer nivel. Asegurada pues una sólida profesionalidad y sus demostradas capacidades fílmicas, estoy convencido que esta vez no estará del todo satisfecho con el resultado final de su nuevo film, "Musa".
No siempre puede uno contar con Franka Potente, Christopher Lloyd o Leonor Watling en su proyecto, naturalmente rodado en inglés y de corte internacional, buscando un mayor interés fuera de España de su cine. Del todo lícito por otra parte, pues lleva haciéndose desde hace décadas.
Para la ocasión, el cineasta catalán se inspira y/o adapta la novela "La dama número trece" de José Carlos Somoza, para contar la historia de un profesor de literatura que se ve envuelto en una oscura trama de rituales ocultistas, poesía macabra y misteriosas musas, por no decir brujas.
A priori todo parece buena idea, y de hecho sus primeros 10 minutos auguran un film sólido, interesantísimo y con muchas posibilidades de desarrollo. El problema viene cuando tratan de profundizar en la trama y detectamos una arrogante sensación de autocomplacencia en ella, como si los actores quisieran en todo momento masticarnos la información, pues se nos antojaría tan compleja que el público si no, no la entendería.
Referencias intelectuales de turno, charlatanería ocultista y un sabor general a bolsilibro de aeropuerto que acaba por hastiar, diría casi cabrear al espectador, que directamente abandona lo que allí acontece para esperar un nuevo momento terrorífico que nunca llega.


Me quedo con un par de secuencias de gran fuerza (el tenso momento en la cocina con el indeseable del burdel o la escena que arranca la película), con su más que digno acabado formal y esa sensación de que con otro enfoque menos vanidoso, el film hubiese funcionado mucho mejor.
(Redactado por Jesús Álvarez).


Llega el turno para "The Cured", una propuesta irlandesa de corte independiente (aunque con Ellen Page como cabeza de cartel, que eso siempre ayuda), que como viene siendo habitual en los últimos años, aborda la temática zombis/infectados desde otro punto de vista, supuestamente novedoso.
La ópera prima de David Freyne cuenta como un potente virus convirtió a buena parte de la ciudadanía irlandesa en caníbales enfurecidos, y que tras hallar algo parecido a un antídoto, el 75% de ellos se "curaron", mientras que el 25% restante aún estaban en estado incontrolable, y por lo tanto recluidos.
La reinserción social de los peyorativamente denominados "curados", que aún conservan los recuerdos atroces, pesadillas y extrañas percepciones debido a su angustiosa infección, lógicamente no es tarea fácil, pues crea un fuerte rechazo en la población, ya sea por simple miedo o por considerarlos auténticos asesinos sin perdón posible. Ante tamaña adversidad, el grupo de afectados no sólo comienza una revolución en toda regla, sino que en su fuero interno aún parecen palpitar ciertos síntomas de su horripilante trastorno.
Coincido con algunos en que la idea de base de esta "The Cured" tiene suficiente encanto como para que el proyecto se llevara a cabo, no seré yo el que lo niegue; pero sigo pensando que detrás de esa careta de "película de zombis" de la que comercialmente se beneficia, se esconde un pequeño drama socio-político sin demasiado que aportar, que ni afronta ni encara con suficiente voluntad crítica lo que plantea de inicio.
Por un lado caricaturiza a las fuerzas del orden, en un planteamiento demasiado panfletario del gremio, llevándolo casi al ridículo (¡qué malos y poco comprensivos son!).



En segundo lugar, crea personajes sin sangre en las venas, monótonos y aburridos, además de incoherentes (esa doctora de chiste), y se enroca la trama buena parte del metraje, donde apenas se mueven las fichas sobre el tablero y el espectador va siempre 3 pasos por delante en sus, por otro lado previsibles, acontecimientos.
Una puesta en escena de apagados tonos grisáceos, sin alma ni gracia y carente de cualquier atractivo, (aunque de algún modo en consonancia con el resto de ingredientes), no suma en su afán de lograr un clima de tensión. Tan sólo unos cuantos adornos de textura como los filmados cámara en mano o un acertado tratamiento sonoro, le otorgan, junto a su curiosa idea de sanar a los infectados, un interés moderado. 
No será tan relevante como pretende, ni cambiará el curso del género, pero puede llegar a gustar si se toma con la perspectiva necesaria, pues sin ser gran cosa, tampoco merece el anonimato.
(Redactado por el inagotable Jesús Álvarez).

2 comentarios:

  1. Vaya...pues lamento oír eso, yo también tengo ganas de verla...y eso que cuentas no trae nada bueno a mi mente.
    Mientras duermes la vi en el cine y la disfruté que no veas, tengo que recuperarla un día de estos.
    Un saludo

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    Respuestas
    1. De todas maneras Víctor, no es mi intención condicionarte, porque ya sabes que el cine, como en la vida misma, cada uno tiene sus valoraciones. Si la ves cuéntanos.

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