jueves, 13 de julio de 2017

THE H-MAN (1958)

Ishiro Honda es bien conocido (y nunca lo suficientemente valorado) por ser uno de los reyes de la ciencia ficción japonesa de los 50 y 60, años en los que aportó numerosos films Kaiju Eiga, tras su exitazo con la inmortal Japón bajo el terror del monstruo (1954). Los hijos del volcán (1956), Mothra (1961) o La batalla de los simios gigantes (1966) son ejemplos de un director quizás encasillado en el género de monstruos gigantes, pero que en todos sus trabajos aportó estilo, grandes dosis de entretenimiento y calidad.
Apartándonos del Kaiju Eiga, Ishiro Honda realizó una trilogía de films en los que abordó la ciencia ficción de una manera adulta y cercana al terror. Unos trabajos curiosos por alejarse de los monstruos gigantes que tanto éxito le proporcionaron. En el blog analizaremos, a su debido tiempo, la discreta The Human Vapor (1960) y la excelente Matango (1963). Ahora nos detendremos en la entrega inicial de esta particular trilogía (sin nada que ver entre ellas), la curiosa The H-Man.
La policía de Tokio persigue a un narcotraficante que ha desaparecido dejando abandonada su ropa. Un joven científico asegura que hay unas criaturas, producto de la radiación, relacionadas con el caso.
The H-Man es una propuesta sorprendente, adulta y bien cercana al género de terror. Ya de entrada, la ambientación elegida para la historia es bien atrayente, donde Honda nos introduce en los bajos fondos de Tokyo con matones, narcotraficantes y bailarinas de cabaret ligeritas de ropa.
Una temática que resulta muy acertada. Se mezcla la típica historia sci-fi con el cine policial negro (por el que Honda sentía predilección). Una mezcla que se explota en la primera mitad del film, donde se sigue una investigación policial en unos minutos de metraje que se hacen algo largos y lentos, para explotar en su segunda mitad en los típicos y necesarios ambientes monstruosos.
Es de destacar el clímax final, con una masacre en plena sala de baile y con el ejército japonés acorralando a la criatura viscosa en las alcantarillas.
La criatura protagonista podría ser una versión oscura de la masa de The Blob (1958), estrenada el mismo año, pero aportándole el toque Honda tan particular, y eso quiere decir: la influencia del trauma atómico.
El origen de la criatura parece influenciado por el incidente real del Dragón Afortunado nº 5 (donde unos pescadores fueron contaminados por el polvo radiactivo fruto de una Bomba H). En este caso, son las cenizas producto de las pruebas atómicas en el Pacífico las que han terminado por contaminar a la tripulación de un barco y han mutado en una criatura líquida que absorbe a la gente. Resulta bien curioso y terrorífico que los estragos que causa la masa en los cuerpos humanos, así como las marcas que deja en la piel, se refieren explícitamente a las marcas dejadas por la bomba atómica en los supervivientes y víctimas de Hiroshima y Nagasaki. Como siempre pasa en estos films japoneses, las referencias al trauma atómico del pueblo japonés resultan estimulantes.

La desaparición misteriosa de un narcotraficante...
La investigación nos lleva a agradecidos ambientes de cabaret
Detrás de todo está una mortífera masa radiactiva
¿Cómo se podrá detener a H-Man?
Mala pinta tiene la cosa
A nivel técnico el film funciona estupendamente, a pesar del año de realización, con una masa devoradora que pese a no aparecer excesivo tiempo en pantalla, provoca inquietud, misterio y sus apariciones son muy destacables, especialmente cuando los cuerpos humanos se funden literalmente bajo su ataque.
Tenemos actores habituales tanto de la saga Godzilla como del resto de la filmografía de Honda como Kenji Sahara (Los hijos del volcán, King Kong contra Godzilla o Godzilla contra los monstruos) o Akihiko Hirata (el Dr. Serizawa en el primer Godzilla). Presencias que para el fan resultan muy simpáticas y agradecidas. Haruo Nakajima, el hombre bajo el disfraz de Godzilla y de otras criaturas, también participa, interpretando a dos víctimas humanas de la masa negra.
Cartel americano del film
Por supuesto, en el equipo de la película están incluidos los all stars de la época: Tomoyuki Tanaka en producción y Eiji Tsuburaya como director de efectos especiales. En sustitución de Akira IfukubeMasaru Sato se encarga de la banda sonora (también se encargará de la música de Los monstruos del mar o El hijo de Godzilla).
Como curiosidad: el efecto creado para que se disolvieran los cuerpos humanos lo crearon con muñecos hinchables de tamaño real y grabando a cámara rápida el proceso de destrucción del cuerpo para luego pasarlo a velocidad normal en el montaje creando así el efecto tan curioso que vemos en pantalla.
The H-Man (1958) es un film destacable y bien curioso. Parece que cuando Ishiro Honda se aparta del género Kaiju demuestra en otros campos sus quilates como director, sin duda y en este caso acierta con una propuesta adulta y cercana al terror y con un uso excelente del color.
Algo lenta en su primera mitad pero estimulante en general con una simpática criatura viscosa y radiactiva, investigación policial y ambientes de cabaret. Toda una curiosidad.

martes, 11 de julio de 2017

GAMERA: THE BRAVE (2006)

Tras el tremendo éxito de la trilogía noventera de Gamera realizada por Shusuke Kaneko y que supuso la cima del Kaiju Eiga, la tortuga agigantada tardó algunos años en volver a aparecer por las pantallas japonesas, quizás temerosos de realizar una entrega que tuviera que estar a la altura de la trilogía de Kaneko.
Para 2006, Godzilla había finiquitado su saga tras el desplome taquillero de Godzilla: Final Wars (2004). La Daiei decidió hacer regresar a Gamera con una entrega que se dirigiera hacia otros terrenos para así crear distancia con las entregas de Kaneko. Para desgracia de los fans, el camino a seguir sería volver a los terrenos infantiles que arruinaron la saga de la tortuga allá por los años 60. Una noticia algo decepcionante para el apasionado de los terrenos tan serios, dramáticos y espectaculares de las entregas de los 90, quizás esperanzados aún con la aparición de un Gamera 4. El encargado de dirigir este nuevo proyecto sería Ryuta Tazaki, un director que ya tenía experiencia en el género con la realización de diversos episodios de los Power Rangers y Kamen Rider. Una elección para un proyecto que provocó aun más resquemor al filtrarse las primeras imágenes del diseño de este nuevo Gamera, totalmente en línea con el tono infantil de los inicios clásicos de la saga.
En el film: en 1973, el legendario Gamera, murió tras destruir a los Gyaos que estaban atacando un pueblo. Uno de los sobrevivientes era un niño, que hoy ya creció y es propietario de un restaurante en Iseshima y tiene un hijo llamado Toru. Toru encuentra una tortuga aparentemente inofensiva, pero que resulta ser un descendiente de Gamera e irá creciendo de tamaño hasta alcanzar casi 60 metros de altura...
Para sorpresa de un servidor, Gamera: the brave, no resulta tan mala como cabía esperarse. Para empezar, se plantea como un reboot de la saga y del personaje omitiendo a las entregas de los 90 y entroncando sutilmente con la saga clásica de los 60. Se nos presenta un mundo en paz y libre de monstruos gigantes tras el sacrificio de Gamera en 1973. El film se inicia espectacularmente con un guiño a la trilogía de Kaneko con un Gamera autodestruyéndose en su batalla con los Gyaos.
Después nos adentramos en terrenos del puro telefilm con las solitarias vivencias del niño de turno traumatizado por la reciente muerte de su madre. Al poco se encontrará con una pequeña tortuga y entablará amistad con ella. Todo este primer tercio bebe directamente del E.T. de Spielberg con la tortuguita de marras demostrando curiosas habilidades voladoras y que harán las delicias del niño protagonista y su grupo de amigos. El problema pasa con que la tortuga comienza a crecer de forma desmesurada por lo que al niño le resultará imposible mantenerla en su habitación por más tiempo. Para rematar la faena, aparece de improviso otro Kaiju descomunal y maligno denominado Zedus y que pondrá en jaque al ejército japonés. 
Toru, el niño de turno, se encuentra con una tortuga muy especial
Rápidamente entablará amistad con ella 
El malvado Zedus aparece de improviso y aterroriza Japón
La tortuga, ya agigantada, entablará una titánica batalla con el monstruo para defender la Tierra
¿Sobrevivirá Gamera a la batalla?
El infantilismo del film no resulta tan estomagante como podría haber sido y gracias al ligero tono del metraje el film pasa con agrado y de forma entretenida. El apartado técnico es muy notable con unas maquetas espectaculares y un enemigo formidable similar en su diseño a un Godzilla con rastas. Algo que puede servir de consuelo al deseadísimo, por los fans, Godzilla vs Gamera. El problema pasa por el risible diseño de Gamera, con una cara de atontado y de teleñeco y que rechina en muchos momentos. 
En la segunda mitad del film se entra en los terrenos más puramente Kaiju (destrucción y batallas) y donde se logran conseguir momentos muy destacables y emocionantes. Es en este tramo final donde algunos momentos dramáticos están fuera de lugar y no dejamos de echarnos las manos a la cabeza viendo al grupo de niños de rigor aventurándose en lugares que un padre ni en un millón de años permitiría hacer (a ver, ¿el niño insiste en entrar en un edificio en ruinas con Gamera dentro y el padre ayuda a su propio hijo a meterse dentro?). Patrones del género y que el fan acostumbrado aceptará sin problemas y se reirá con ello. Pese a todo, la escena en la que el grupo de niños se van pasando la piedra mágica que revivirá a Gamera resulta conmovedora y de gran fuerza.
Foto de rodaje
Gamera: the brave (2006) es un entretenido reboot para la tortuga. Entendiendo que era imposible superar a la trilogía de los 90, la saga regresa a la vertiente infantil de las entregas de los 60, aproximación a priori interesante pero que peca de los mismos fallos de aquellas con un guion haciendo aguas, unos niños insoportables (a ratos), unas situaciones imposibles y un Gamera recién salido de Barrio Sésamo. Pese a todo, el conjunto no es tan malo como pueda parecer, goza de unos muy notables efectos especiales y excelentes momentos de destrucción y batallas además de algún que otro momento dramático destacable. Además le rodea un aura muy entrañable y sirve como un cariñoso homenaje a ese cine de evasión infantil con monstruos imposibles y que invadieron los cines japoneses en los años 60. Este reboot no destacó precisamente en la taquilla japonesa por lo que las intenciones de continuar con nuevas entregas de esta renacida y “valiente” Gamera se cancelaron, desgraciadamente. Por el momento, es la última entrega de la saga de la tortuga, aunque tras el empujón y revitalización del género que ha supuesto Shin Godzilla (2016) se planea relanzar a la tortuga gigante con Katsuhito Ishii (El sabor del té) encargándose de la dirección de este enésimo reinicio. Por el momento, el fan puede conformarse visionando un teaser lanzado hace unos meses y que sirve de presentación de dicho proyecto, aunque su aire de puro videojuego me eche bastante para atrás.

lunes, 10 de julio de 2017

FAR AWAY, SO CLOSE (2013)

Far away, so close (2013) recoge algunas de las marcas de estilo de Shunji Iwai y que pueden atraer al fan del director japonés. Ya de entrada su cartel publicitario con una fémina en medio de un campo verde remite totalmente a Todo sobre Lily (2001). Masahiko Nagasawa dirige este drama japonés y que contó con el apoyo de Iwai, quien se encargó de la banda sonora del film.
La película parte de una premisa curiosa. Sakumi Shimura, de 27 años, ha perdido los últimos 10 años de su memoria tras un accidente de tráfico. Sakumi sólo recuerda lo que le pasó hasta que tenía 17 años, pero acepta su destino y trata de ser positiva. No obstante, a Sakumi le preocupa la pérdida de memoria. Trata de recordar con ayuda de Yoshihiko, que se considera su novio y amigo desde sus días de secundaria.
Far away, so close (2013) es un film que no pasa de la curiosidad para completistas. La historia está basada en la novela de Kyoko Inukai y que también se encarga de adaptar el guion. Su interesante premisa, aunque pueda parecer que se convertirá en la tonta comedia adolescente, deriva hacia un tono melancólico y dramático centrándose en cómo su personaje principal femenino le va aumentando más y más su desesperación frente a no poder recordar con exactitud hechos del pasado o el porqué sus amigos la miran con desaprobación, enfado o misterio.
Kana Kurashina carga sobre sus hombros el peso del film con una interpretación correcta sin más y a veces algo irritante por su pasividad. Pese al misterio planteado por el film (¿cuales son los motivos tras el accidente de Sakumi? ¿Porqué su mente ha regresado precisamente a los 17 años?) el desarrollo del film se va haciendo soso y plano sin demasiado que destacar a medida que nuestro interés por la resolución del misterio va menguando. Un punto a su favor es que su duración no se torna excesiva y que gracias a su destacable y entrañable final las sensaciones en torno al film mejoran considerablemente con una resolución melancólica y poética y una Sakumi reconciliada con su pasado y con ella misma la cual se entrega con libertad de nuevo a su mayor pasión (y de su amante fallecido); la pintura, con una escena en medio de un campo abierto visualmente bella.
Sakumi tras un accidente de coche vuelve a sus 17 años (mentalmente)
Intenta recuperar la memoria pero sus amigos no parecen muy receptivos hacia ella
Iniciará un viaje hacia el mundo de sus recuerdos
¿Que misterio se esconde tras su accidente?
Far away, so close (2013) es una curiosidad para completistas. Un film amable que contiene un punto de partida atrayente y un misterio a priori interesante pero que éste va diluyéndose a medida que transcurre el metraje. Pese a sus intenciones y cierta influencia por el cine de Iwai (la música compuesta por el director nos retrotrae a sus anteriores trabajos), la dirección y el desarrollo de la misma acaba por ser plana. Pese a todo, no acaba por sentirse una pérdida de tiempo, contiene momentos de clara belleza y poesía y un final destacable que hace que suba enteros.

lunes, 3 de julio de 2017

HALFWAY (2009)

En la misma línea de Rainbow Song (2006), Halfway (2009) supone un proyecto de Iwai para Eriko Kitagawa, reputada guionista de series de televisión japonesas (por los que ganó algunos premios) y que supone su salto a la gran pantalla en calidad de directora, con un Shunji Iwai encargándose del guión y la producción.
En el film, una pareja de jóvenes empieza a salir, pero sus días felices son interrumpidos por un sólo hecho: ella tiene la intención de entrar en una universidad local, y él no. La chica le implora a su novio que no se vaya y así él comienza a pensar sobre las prioridades en su vida.
Halfway (2009) es una obra sencilla y amable en sintonía con la simpleza narrativa de films como Historia de Abril (1998). En este caso, el eje por el que circula todo el film se basa en el conflicto que sufre una pareja adolescente sobre si Shu (el chico) debe irse a una universidad lejana en busca de sus sueños pero dejando a su pareja en el pueblo natal. Un conflicto que gira y se rebate durante sus 85 minutos. Una simpleza narrativa buscada y que dio excelentes resultados en films como Historia de Abril pero que aquí no acaba de cuajar del todo pese a los aciertos que podemos vislumbrar.
La pareja de adolescentes está bien interpretada por Kii Kitano y Masaki Okada. A Kitano la vimos protagonizando Yubisaki (2006) de Isao Yukisada o Bandage (2010) (con también guión y producción de Shunji Iwai), aunque se ha prodigado mucho más en series de televisión como Life (2007), donde se abordaba el tema del bullying.
Masaki Okada ha aparecido en numerosos films, desde la agradable A gentle breeze in the village (2007), a profesor ingenuo en Confessions (2010). Este año lo veremos en el esperado live-action de Jo Jo’s bizarre adventure: diamond is unbreakable (2017) de Takashi Miike.
Volviendo a Halfway, la ambientación de otoño en un pueblecito de Hokkaido es impecable. Dichas localizaciones van como anillo al dedo al tono del film: pausado, contemplativo, dialogado y muy pacífico. Además logra introducirte totalmente en un instituto japonés de las afueras y en las vivencias de los personajes de una forma natural (el sello Iwai se vislumbra por todo el metraje).
Las interpretaciones de la pareja de jóvenes son muy acertadas y muestran una gran química. El estilo visual tiene mucha influencia del cine de Shunji Iwai, por supuesto, pero Kitagawa destaca por aportar largos planos de cámara en mano siguiendo a los personajes y sus conversaciones, logrando un efecto muy cercano a ellos y de gran calidad visual. Además, tras las imágenes subyace una bonita reflexión sobre la adolescencia, las perspectivas de futuro, las prioridades y las expectativas que uno espera de la vida.

Hiro, una adolescente como las demás y enamorada de Shu
Los dos jóvenes inician una relación. Todo va viento en popa hasta que...
Shu, no tiene intención de pasar toda su vida en el pueblo
Shu se lo tendrá que pensar dos veces: romper con su chica o luchar por sus sueños

Pese a sus aciertos, Halfway se queda en una mera curiosidad. Un film agradable pero no memorable, y cuya extremada simpleza argumental le juega en contra en algunos pasajes del metraje. Aunque al acabarla consiga dejarte un buen sabor de boca y una sonrisa tonta de satisfacción en la cara. No es una gran película pero tampoco es ése su propósito, suponiendo un ejemplo agradable de cine independiente japonés.
El film cumple con su objetivo de introducirte en un mundo que nos es ajeno: un pueblecito del norte de Japón. La pareja de adolescentes realiza un muy buen trabajo a nivel interpretativo y contiene varias secuencias de una calidad visual muy notable. El visionado de Halfway supone dosis de paz, tranquilidad y ensoñación, y eso ya es mucho. Además, en poco más de 85 minutos.
Eriko Kitagawa aún tuvo tiempo de dirigir otro film, la discreta I have to buy new shoes (2012).

jueves, 29 de junio de 2017

RAINBOW SONG (2006)

Como hemos comentado en críticas anteriores de este “Especial Shunji Iwai”, desde el amanecer del nuevo milenio, Iwai prefirió alejarse de la dirección cinematográfica y dedicarse a proyectar a jóvenes promesas de la cantera de su productora Rockwell Eyes.
Rainbow song (2006), dirigida por Naoto Kumazawa, es una de las imitaciones del estilo Iwai (que fueron surgiendo desde los 2000) más interesantes y recomendables. Kumazawa ya había trabajado con Iwai anteriormente, encargándose del making off de Swallowtail Butterfly (1996).
Rainbow Song comparte numerosas similitudes con los films de Shunji Iwai, hasta el punto de que parece que el director haya seguido uno por uno el manual de instrucciones dejado por Love Letter o Historia de Abril. Esto es un hecho que a priori no juega a favor de Kumazawa, aunque como veremos el director inserta muchos elementos a destacar y que la hacen obtener cierta entidad.
En el film, Tomoya trabaja como asistente en una compañía de televisión. Un día ve en las noticias que ha habido un accidente de avión en California resultando muerta una pasajera japonesa, Aoi, quien les unía una fuerte amistad en el pasado. Tomoya recuerda entonces como conoció a Aoi y cómo tuvo lugar su amistad en la universidad.
En el film que nos ocupa, Iwai no solamente ejerce tareas de producción sino que co-escribió el guion del film bajo el seudónimo de Aminosan. Para el fan de Todo sobre Lily (2001) es todo un motivo de alegría que la pareja protagónica de aquella repita aquí de nuevo: Hayato Ichihara y Yu Aoi (en un papel secundario). De hecho, el personaje de Ichihara podría ser una continuación de su personaje en Todo sobre Lily, ya llegando a la veintena y enfrentado a los problemas de la vida adulta. Pero quien se lleva todas las alabanzas es Juri Ueno (protagonista de la soberbia y divertidísima Swing Girls (2004)) quien es sin duda el corazón del film y quien realiza una interpretación fantástica y madura con un personaje a recordar y cuya química con Ichihara resulta de lo más conmovedor y destacable del film.
Rainbow song (2006) es ante todo una historia de amistad. Una amistad entre dos personas totalmente diferentes pero que acaban por necesitarse el uno al otro. Aoi (Juri Ueno) es una amante del cine y sueña con ser directora pero se encuentra engullida por sus dudas y falta de perspectivas. Tomoya (Ichihara) es alguien torpe, no tiene ni idea de lo que quiere para su futuro pero está envuelto en una permanente inocencia y alegría. Una relación alejada de artificios y falsos cuentos de hadas de films similares adolescentes (y que apabullan año tras año los cines de Japón).
De hecho, uno de los puntos fuertes del presente film es que todo está narrado con una naturalidad encantadora, introduciéndote en una universidad japonesa con unos personajes repletos de sueños e ilusiones y que logran contagiarte de ellos. Kumazawa logra crear ese efecto en el que no quieres alejarte de estos personajes y deseas acompañarlos en sus vivencias mucho más tiempo. La segunda mitad del film destaca por adentrarse en los problemas de la juventud japonesa (su falta de perspectivas o la dificultad de entrar en el mercado laboral) y que por la honestidad y naturalidad con la que es narrado no puedes evitar sentirte identificado.

Tomoya se entera de la trágica muerte de Aoi
El joven comienza a recordar su amistad con ella
Aoi, toda una apasionada del cine
Poco a poco la relación entre los dos se estrecha cada vez más
¿Que será de nuestro futuro?
Aoi se marchará a EEUU persiguiendo sus sueños y los dos amigos se separan
¿Tomoya conseguirá reconocer sus sentimientos?
El film no duda en abrazar el metalingüismo contagiándote del amor por el cine que siente el personaje de Juri Ueno. Todo el tramo que transcurre al rodaje del cortometraje de los jóvenes resultará encantador para el amante del séptimo arte o el estudiante de cine por lo que (y ya inmersos en el tramo final del film) cuando y en honor al recuerdo de Aoi los personajes (y el espectador) visionan el cortometraje al completo la emoción es considerable.
Una historia del fin del mundo en donde parece fundirse la realidad y la ficción y es en el cine, gracias al poder del séptimo arte donde esos momentos que hubieras deseado hacer, esas palabras que deberías haber dicho, esos deseos insatisfechos parecen encontrar lugar en la imagen inmortal del celuloide donde parecerá permanecer Aoi junto a Tomoya para siempre. La banda sonora por supuesto ayuda y mucho.
Visualmente y siguiendo el estilo de Iwai, el film es una maravilla con una cámara ensoñadora que sigue sigilosamente a sus personajes y con varios momentos de una belleza poética a recordar (esos arcoíris en el cielo). Pese a todo el film contiene ciertos inconvenientes. Parece que una vez Juri Ueno desaparece de la pantalla el film pega unos bajones considerables y eso se nota mucho una vez su personaje se larga a las Américas a perseguir sus sueños. Este último tramo del film con Tomoya iniciando una relación amorosa con una mujer que no deja de mentirle en su edad la hubiera resumido mucho más por su falta de interés mientras el espectador no deja de echar de menos al personaje de Ueno (igual que Tomoya, la verdad). Además, ese final tan abrupto donde por fin parecía explotar todo el drama y los sentimientos reprimidos del personaje principal desgraciadamente es concluido algo precipitadamente o sin dejarte tiempo a la reflexión. Parece que las intenciones de Kumazawa durante todo el film es huir en todo momento del festival lacrimógeno descontrolado o el drama artificioso y gratuito.
Rainbow Song (2006) es un film muy agradable y sobradamente recomendable, dotado de una pareja de personajes maravillosos cuya relación de amistad y amores insatisfechos resulta conmovedora, natural y realista. Un film que parece alejarse en todo momento de tópicos, estereotipos, lugares comunes o drama gratuito y de postín, con todo lo bueno y malo que eso conlleva. Lástima que algunos fallos (el bajón que supone perder de vista al personaje de Ueno) no consigan que Rainbow Song (2006) se convierta en un clásico a la altura de los mejores trabajos de Iwai quedándose en un muy notable trabajo, que no es poco.
Naoto Kumazawa tras Rainbow Song ha dirigido films como From me to you (2010) o A short distance relationship (2014), films que por su tono (romance adolescente) se dirigen por el camino contrario con el que pareció abordar Rainbow Song; la comercialidad más artificiosa. Para 2017 estrenará el live-action de uno de los últimos éxitos del anime japonés: El himno del corazón.

miércoles, 28 de junio de 2017

RITUAL (2000)

Paralelamente a sus trabajos como director de cine, Shunji Iwai ejerció tanto de productor, como de guionista o compositor de diversos films realizados por jóvenes directores que el propio Iwai quería proyectar a través de su productora Rockwell Eyes.
Películas como Rainbow Song (2006) o Halfway (2009), que pese a no estar dirigidos por el director japonés, sí que tenían de una forma u otra el estilo y regusto a sus films.
En el año 2000, y a la vez que preparaba su obra maestra Todo sobre Lily (2001), Iwai se atrevió con la interpretación, protagonizando el film que nos ocupa hoy, Ritual (2000) dirigida por Hideaki Anno.
Anno es bien conocido entre los fans del anime, ya que no solamente fue uno de los fundadores de Gainax sino que llevó adelante series como Kare Kano o Neon Genesis Evangelion, con la que cambió para siempre el mundo del anime. Una deconstrucción impecable del género mecha en la que, inspirado por la tremenda depresión que sufrió Anno a principios de los 90, éste insertó en la trama mucha experimentación narrativa, angustias psicológicas, simbolismos y una profundidad en los personajes, y en la propia trama en sí inabarcable.
La trama se remató con The end of Evangelion (1997), donde los planteamientos de la serie estallaban soberbiamente hasta llegar a una conclusión polémica, pero excelente.
Love & Pop (1998), primera incursión de Anno en la imagen real
Anno es un director con una manera muy particular de relatar historias; llenas de simbolismos, con personajes que bordean la locura psicológica y su duro camino hacia la cordura.
Su estreno como director de cine en imagen real llegó con Love & Pop (1998), una muy experimental y curiosa historia de un grupo de chicas adolescentes que se prostituyen para pagarse sus caprichos, pero expuestas a la inmensidad y peligros adultos de Tokyo. Un film curioso y por el que Anno recibió el premio a “Mejor nuevo director” en el 20th Yokohama Film Festival de 1999. Ritual (2000) es la obra en el que supo trasladar de forma definitiva todas sus obsesiones a nivel visual y narrativo.
En la cinta, un director de anime pasa por una crisis creativa mientras quiere reinventarse como director de cine de imagen real, así que viaja a su pueblo natal. Un día encuentra a una chica en las vías del tren. Ella vive desconectada de la realidad y siempre dice "Mañana es mi cumpleaños"; así comienza su historia.
La estrecha amistad entre Shunji Iwai y Hideaki Anno se ve reflejada en la temática de sus films, compartiendo ciertas características como la de radiografiar a la juventud japonesa de una manera muy directa y crítica.
Al contrario que Iwai, Anno prefiere plasmar su propia vida a través de sus historias y protagonistas introduciendo vivencias, inquietudes y reflexiones. Técnicamente, el cine de Anno bebe mucho del video-arte y del cine experimental, algo de lo que Ritual (2000) se empapa encontrándonos con una cámara en mano nerviosa e inquieta situada en los lugares menos creíbles, planos y travellings imposibles, ojos de pez o superposiciones de imagen. Todo lo anterior contrasta con planos fijos y un ritmo pausado y contemplativo. Tramos bellos y poéticos y que conectan con el cine de Iwai.
La obra está basada en la novela Shiki-Jitsu, escrita por Ayako Fujitani. Atentos a este nombre. Fujitani no es otra que la hija japonesa de Steven Seagal y la pudimos ver en la trilogía de los 90 de Gamera, interpretando a la adolescente que se comunica telepáticamente con la tortuga agigantada. Al parecer, la actriz sufrió muchas dificultades a nivel emocional cuando acompañó a su padre a Los Angeles para el rodaje de El Patriota, por lo que dichas experiencias la inspiraron a escribir la novela en la que está basada Ritual y que además se encarga de protagonizar.
Ritual (2000) es una obra extraña pero absorbente. El núcleo se basa en la recuperación de la cordura. El paso de un personaje inmerso en sus propias fantasías hasta superar sus traumas personales y volver a la realidad. Todo el peso de la historia recae sobre los hombros de Ayako Fujitani, quien realiza una interpretación fantástica (aunque algo excesiva en ciertos momentos), y cómo el personaje de "El Director" (Iwai) se queda prendado y fascinado por ella. Un personaje que a pesar de su demencia está dotada de una creatividad desbordante y por el que no se puede evitar cierta lástima y curiosidad.
La historia entre los dos personajes protagonistas, la manera en cómo va desarrollándose su relación y cómo cada vez resultan más dependientes el uno del otro, contiene tramos conmovedores.

Un director de anime en pleno bloqueo creativo vuelve a su ciudad natal
Se encuentra con una chica extraña en las vías del tren
Le lleva a su casa, la cual es todo un museo del arte
El Director se siente fascinado por la fémina
Encuentra salida a su bloqueo creativo y empieza a rodar un film sobre ella
Aunque la relación tendrá sus dificultades...
¿Conseguirá salir de su viaje al mundo de la locura?
¿Sabes? Mañana es mi cumpleaños
Shunji Iwai se encarga de interpretar a quien pudiera ser el alter-ego de Anno. Una interpretación sobria y discreta (vamos a dejarlo aquí) pero que funciona perfectamente al servir de puro espectador de la historia.
El personaje de Iwai (apodado El Director) interpreta a un personaje que Anno impregna de muchas de sus vivencias personales: es un director de cine anime intentando dar el paso a la imagen real e inmerso en un total bloqueo creativo.
El film tiende al exceso y a la innecesaria y alargada duración del mismo, ya que prácticamente todo el peso de la historia recae en un mismo personaje, por el que obligatoriamente has de sentir simpatía o interés. Resulta fascinante dicho personaje y su viaje de la locura a la cordura, pero se tiende al exceso y a la reiteración. Pese a todo, el film es increíblemente rico en simbolismos visuales y dobles sentidos, consiguiendo momentos impecables, como todo lo que concierne al extraño y húmedo sótano donde la protagonista se refugia en sus peores momentos.
Visualmente hipnótica, con una preferencia al uso del rojo y el azul, y donde Anno vuelve a incidir en su predilección por plasmar ambientes industrializados. El elemento metalingüístico del film también es destacable, con el director grabando y siguiendo a tan fascinante personaje femenino a la búsqueda de la creatividad perdida.
Como hemos comentado anteriormente, el tramo final se vuelve excesivo y alargado con una resolución final quizás innecesaria y con demasiadas explicaciones, quitándole cierto misterio al origen de la locura de su protagonista. Pese a todo contiene una perla final, sencilla pero encantadora y que acaba dejándote una sonrisa de satisfacción.


Ritual (2000) es un film extraño, experimental y difícil de abordar, pero que su visionado supone toda una experiencia diferente. Excesiva pero dotada de una riqueza visual y simbólica muy notable, que te impregna de la increíble y creativa locura de su protagonista, y te seduce con la extraña belleza de sus imágenes.
Una historia que resulta atractiva en su particular visión de las relaciones humanas y que opta por mostrarnos no una destrucción emocional, sino una reconstrucción, la recuperación de la personalidad.
Hideaki Anno logra plasmar la locura con una belleza rara vez vista por un servidor. Una experiencia muy interesante. Ritual (2000) logró el premio “Best Artistic Contribution” en el 13º Festival internacional de cine en Tokyo.
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