martes, 5 de junio de 2012

NO PROFANAR EL SUEÑO DE LOS MUERTOS (1974)

El género zombi (o subgénero, como se prefiera), llegó a España a principios de los 70 de la mano del fallecido cineasta gallego Amando de Ossorio y su popular tetralogía de zombies templarios (entre 1972 y 1975). Poco después, también el prolífico Jesús Franco acudió a los no muertos en varias ocasiones, con su peculiar sentido fílmico (terror, mujeres y viceversa) pero abriendo una fuerte brecha en el terror nacional y propiciando obras de mayor calibre, como la que hoy me gustaría repasar.
No sería pues hasta mediados de los setenta que el director catalán Jordi Grau Solà (Jorge Grau para algunos) filmara la obra cumbre de dicho género en nuestro país (con permiso de la saga REC, de Paco Plaza y Jaume Balagueró que han "revivido", y nunca mejor dicho, el tema zombie), la producción ítalo-española No profanar el sueño de los muertos, o como fue más conocida internacionalmente, "Non si debe profanare il sonno dei morti".
Un film que, sin duda, ofrece algo distinto, algo que no es fácil de describir pero que resulta del todo atrayente, con una creación atmosférica no tan sólo de una época, sino de una manera de ver y transmitir el cine de aquellos años, guiada por el buen oficio de su director, curtido en proyectos muy diversos (desde el documental hasta el fantástico).
George (interpretado por el actor italiano Ray Lovelock) tiene un pequeño accidente con su moto debido a una imprudencia por parte de Edna (la madrileña Cristina Galbó), por lo que siguen el camino conjuntamente en el vehículo de ésta.
En el trayecto descubren que por esa zona, cercana a una abadía en Manchester, se están tratando los terrenos de manera experimental con ultrasonidos para contrarrestar la contaminación. Al parecer, las consecuencias están siendo terribles, ya que a parte de conseguir que las plagas se eliminen entre sí, también parece afectar al "sistema nervioso elemental" de los bebés (como se ha observado en un hospital cercano), y lo que aún es más grave si cabe, están despertando de sus tumbas a los muertos de una morgue cercana.


Con esta premisa arranca Grau su film, rodado íntegramente en inglés y en suelo británico, debido en gran parte al futuro alcance del producto, que se podría comercializar con más facilidad y mucha menor problemática (además, España no vivía sus mejores momentos).
De lo primero de lo que se percata uno al comenzar a ver la película es de su falta de pretenciosidad, como si no le debiera nada a ningún género en concreto ni a ningún autor previo (ni a Romero), con una cámara muy estable, sin trampas ni formulismos y buscando la nitidez cinematográfica en todo momento (aún cuando sus efectos se quedan en evidencia, que son pocas veces, pero ocurre). Su ambientación es tan sugerente como arrebatadora en su primer tercio, llevándonos desde la ciudad al recóndito lugar cerca de la abadía en Manchester, lejos de la superpoblada urbe, y dejándonos ver el contraste a la vez que apartándonos de la realidad de la mayoría de nosotros. Allí todo cambia. Cementerios reales, parajes siniestros y un cúmulo de escenarios perfectos para rodar ese tipo de films. Sin duda, una de tantas maniobras inteligentísimas del cineasta (o quienquiera que lograra esas localizaciones), que además, logró una buena fotografía y unos efectos especiales sumamente competentes.
El trabajo actoral es solvente en general, aunque tampoco cabría destacar a nadie en concreto, ni tan siquiera al renombrado Arthur Kennedy (ya en horas bajas), que interpreta aquí al inspector duro, con gabardina y pronunciadamente autoritario (claro reflejo de la dictadura) que culpa a nuestros protagonistas de un crimen cometido por un no muerto.

La máquina que lo provocará todo

Tampoco faltan las escenas de desventramientos y canibalismo propias de los zombies, incluso la caracterización de éstos sigue las mismas coordenadas que de costumbre (deambulan sonámbulos con los ojos inyectados en sangre, etc etc), pero todo tiene un claro discurso ecológico que resulta inédito en este tipo de propuestas, y por lo tanto, ciertamente original.
Con estas virtudes a cuestas, no es extraño afirmar que estamos ante un punto de inflexión en el terror ibérico, pero no será oro todo lo que reluzca. También hay factores que desaniman al respetable menos comprensivo con la cinefilia española, y es que pasados unos minutos tras la primera aparición zombi, entramos en un inestable barullo de conversaciones y personajes secundarios que poco ofrecen al film (además, los momentos zombi no causan el estupor que se pretende en todas las escenas). No existe sensación de miedo en ningún momento, sino que más bien nos hacen respirar un ambiente malsano y de sutil terror, poca cosa si nuestras expectativas es pasarlo realmente mal.


El film de Grau fue duramente criticado en España (que no en Cataluña, donde incluso se le galardonó con 3 premios en Sitges -actriz, F/X, director-), algo inversamente proporcional al éxito cosechado fuera de nuestras fronteras, lo que reafirma mi postura de que en este país, aún no estábamos preparados para tal película.
Su distribución tampoco estuvo exenta de particularidades, y fue "re-titulada" nada más y nada menos que ¡¡16 veces!!, con nuevos títulos tan curiosos como : Don't Open the window (en USA), Fin de Semana para los muertos (para TV en España), Zombi 3 (en gran parte de Europa) o Breakfast at the Manchester Morgue (éste me encanta, para el público británico).


Así pues, una cult movie zombi que se distancia de los tópicos más habituales en estas producciones y que se atrevió a criticar (aunque sea de refilón) a una dictadura inflexible de un país que no quería entender que este cine también tiene su sitio. Sin duda, todo un referente del terror nacional, con sus fallos y carencias, sí, pero realmente interesante y único.

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